El Corpus del Español relata la historia de la lengua que hoy hablamos cerca de 500 millones de personas. Aquí un breve resumen:


Íberos, romanos, griegos y cartagineses. Bárbaros, árabes e indígenas americanos. El castellano es producto de los aportes de numerosas culturas, que convivieron pacíficamente o se enfrentaron a través de los siglos. Actualmente, es la tercera lengua más hablada del planeta, después del chino y del inglés. Y sigue expandiéndose...

Así como los pueblos tienen una historia que los transforma y los consolida culturalmente, el idioma que hablan también sufre cambios y modificaciones con el paso del tiempo. El acto de hablar, además de constituir una herramienta de comunicación fundamental, propia de los seres humanos, es una manifestación de identidad cultural: cada lengua da cuenta de una manera de percibir el mundo y de expresarlo.

A pesar de que no se ha podido determinar el origen primero del lenguaje humano, sí ha sido posible describir la evolución y el desarrollo de numerosas lenguas.

Los romanos desembarcaron en Emporion (hoy Ampurias, al noreste de España) en el año 218 a.C. Desde esa fecha y en los tres siglos subsiguientes, consumaron la conquista de toda la península ibérica, a la que llamaron Hispania. La mayoría de los pueblos que habitaban la península, al ser sometidos por el imperio, terminaron por adoptar el latín, y la forma de vida y religión de los romanos. Y cuando Roma se convirtió al cristianismo, también lo hizo Hispania, en el año 313.

El latín, la lengua de los romanos, tenía dos modalidades: el latín clásico y el latín vulgar. El latín clásico era utilizado por los intelectuales, sacerdotes y nobles (los sectores sociales privilegiados que sabían leer y escribir). Ésta era la única variedad de latín que se escribía. El común del pueblo y los soldados —que fueron quienes concretaron la conquista— usaban en latín vulgar.

Durante la dominación romana, que duró casi 300 años, el latín vulgar se mezcló con las lenguas que se hablaban en la península ibérica previamente a su llegada. A esta mezcla se la llama contaminación lingüística. Aún perviven en nuestra lengua palabras de origen prerromano, como “barro”, “cabaña”, “cerveza”, “salmón”, “carpintero”, “conejo”, “charca”, “perro”, “lanza”, “balsa” y entre otras. Estas palabras sobrevivieron, a pesar de que los romanos impusieron el latín como lengua oficial.