Manuel Criado de Val (1917-2015) fue un enamorado de la lengua viva. En muchos sentidos fue un precursor y, desde su experiencia en literatura medieval, proyectó sus afanes de lingüista modernizador que trabajó siempre aparte de los sabios de la Real Academia Española y que, no obstante, logró aglutinar en torno suyo a personalidades de la mayor importancia y crear instituciones como el Centro de Terminología Científica y Técnica del español (1974). Su inteligencia le dio para entender a cabalidad la trascendencia de mantener la unidad del español en los niveles cultos como la trinchera más eficaz para preservar el idioma.

Criado de Val, citado por Alex Grijelmo, en su trabajo Palabras equívocas o malsonantes en España, Hispanoamérica y Filipinas (1967), dice: “La necesidad de evitar los equívocos es una de las obligaciones fundamentales de la comunicación”. ¿A qué se refiere con palabras equívocas o malsonantes? Aquí algunos ejemplos:
Si yo digo: “Fulanito de tal camina por la otra acera” o “batea a la zurda”, muchos vamos a dar por sentado que me refiero a que el tal fulanito es homosexual; sin embargo, las expresiones per se no dan pie a esa interpretación sino el contexto. Decirle deme esa “concha” a una mujer (aunque sea la panadera) puede hacer que nos caiga a bofetadas o nos demande por acoso sexual, no obstante que concha es el nombre de un delicioso pan dulce, aunque en otro contexto signifique órgano sexual femenino. En España y otros países, si le preguntas a alguien por dónde coges el camión te va a contestar “aquí mismo” si está de pie en una esquina, pero un mexicano malvado te dirá: “Por el mofle”. Una “zorra” es una prostituta, pero en lenguaje machista un “zorro” es un hombre astuto y perspicaz.

Esto en el lenguaje coloquial es algo que a diario usamos y –aunque es posible que todos los hispanohablantes lo entiendan- adquiere su pleno significado en el habla de ciertos estratos sociales o regiones y es válido. En el nivel culto –campo donde se preserva la unidad del español- no tiene igual cabida, a no ser que estemos creando un cuento costumbrista o relatando un diálogo de carretoneros.

No es de profesionales hablar “oficialmente” con equívocos.