Han terminado las precampañas y me embarga un sentimiento de gratitud y esperanza o, mejor aún, de gratitud basada en la esperanza de no tener que ver y escuchar la gran cantidad de anuncios de propaganda partidista sosa que legisladores adocenados, pretextando equidad, nos recetaron en dosis, insisto, inhumanas.

Por lo que elevo mi súplica a los integrantes del INE para que en este lapso, antes de la campaña, prohíban terminantemente la difusión de spots partidistas, diseñados con la secreta intención, creo yo, de socavar nuestra vocación democrática.

De lo que se trata en las campañas políticas es de discutir qué tipo de sociedad debemos construir y cuáles son las propuestas de los candidatos para solucionar los problemas y preocupaciones más apremiantes de la sociedad y, evidentemente, no todos los candidatos presidenciales dieron a conocer sus propuestas.

El émulo de Fox, Anaya, se limitó a proferir ofensas e insultos y a postular que todo mejorará si se vota por él, pero ni por error anunció sus propuestas, si es que las tiene.

Y es que, partiendo del diagnóstico de la situación actual, es preciso discutir cuáles son las proposiciones para superarla, con el objeto de que los ciudadanos podamos ventilar su conveniencia y/o viabilidad, como hicieron los candidatos López Obrador y Pepe Meade que fijaron sus posiciones en relación con sus ofertas sobre algunos puntos de importancia. 

La propuesta bien estructurada de AMLO puede servirnos de base: ofrece un gobierno fuerte con mayor participación en la economía; un programa de subsidio de $3,500.00 mensuales a 2.5 millones de jóvenes, ninis, para disputárselos al crimen organizado; así como bajarle el precio a la gasolina mediante la supresión del IEPS. La controversia surge ante la imposibilidad de aumentar los subsidios del Estado y reducir al mismo tiempo los impuestos.

Para Pepe Meade no hay necesidad de ampliar el tamaño del Estado, pero sí mejorar su eficiencia: usar sus facultades fiscales para debilitar la fortaleza financiera de las organizaciones delictivas y una plataforma de mejora salarial para los cuerpos de seguridad (las policías de los tres niveles, el Ejército y la Marina), lo que, aunado al mejoramiento en las percepciones del magisterio, al jalar la mejora de los salarios en general, puede contribuir al combate a la pobreza y mejoramiento del nivel de vida.

Es el único precandidato que se ha manifestado por la equidad de género al proponer reglas obligatorias para garantizar su respeto y legislar en contra de las diferencias salariales por cuestiones de género.

Pepe Meade se abstiene de ofrecer lo que no se puede cumplir, tentación en la que suelen caer los demagogos.