El éxito del arte, en todas sus expresiones, estriba en que a veces, más de las tolerables, no deja de ser decepcionante lo que sucede en la vida real, si consideramos sus repercusiones tanto a nivel individual como colectivo. De ahí, tal vez, la propensión a los finales felices que nos recetan, por ejemplo, los filmes norteamericanos y otros, cuyos directores han tomado muy en serio su misión de endulzarnos la vida a costa, por supuesto, de la fidelidad literaria y la precisión histórica.

Así la solución parcial, anunciada eufóricamente por Donald Trump, sobre la renegociación del TLC, no puede menos que dejarnos un mal sabor de boca y no solo porque ha sido degradado de tratado trilateral a dos o tres acuerdos bilaterales; también porque pudimos constatar la eficacia del método que a lo largo de la historia han aplicafo tenazmente los poderosos sobre los débiles, los grandes sobre los chicos y los dominadores sobre los indefensos, que básicamente consiste primero en dividir y luego someter al más débil para continuar con el que le sigue.

Lo peor es constatar que formamos parte de la economía más débil, que fue utilizada como esquirol contra Canadá.

Y conste que soy consciente de que la política internacional responde generalmente a intereses más que a valores. Y me opongo a la solución pragmática de bailar al son que nos toque el elefante, sobre todo cuando los resultados serán utilizados por Trump a favor de su reelección.

Al revés. Otra de las reacciones típicamente humanas para oponerse a la cruda realidad la asumen los fanáticos de las teorías de los complots, que desestiman la influencia de la casualidad, o el azar, en el desenlace de los eventos. Así, no faltarán quienes interpreten como un complot, pero el revés, por sus benéficos resultados, el reciente descubrimiento de 3 nuevos yacimientos petroleros en las costas de Tabasco, que acarreará la inversión de 43 mil millones de dólares en los próximos 30 años, muy cerca del puerto de Dos bocas, Paraíso, donde el gobierno de AMLO planea instalar una refinería de petróleo. Los que se inclinan por las cosas esotéricas dirán que es un signo indiscutible de la buena fortuna del presidente electo.

Ciclo. Otra visión de la realidad es la que ve la historia como el movimiento de un péndulo, o la repetición ininterrumpida de ciclos, pero la realidad mexicana ha venido a agregarle un poco de complejidad a estas perspectivas, porque en el próximo sexenio se gobernará ciertamente con un partido nuevo, pero indiscutiblemente dirigido por políticos viejos, como el próximo presidente del Congreso de la Unión, Porfirio Muñoz Ledo, que ha militado en el PRI, el Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional, el PRD y ahora en Morena.