Pensar que la economía puede supeditarse a la política es uno de los errores propios de la gente que cree que basta con ser voluntarioso para obtener lo que se quiere, común en estos tiempos de “coacheo” que, con una visión mercantil, sustituye a las prácticas de antaño de seguir a un gurú.

Es como ver las cosas de cabeza, puesto que, si se actúa contradiciendo las leyes económicas, no debe esperarse otro resultado que la quiebra o el fracaso; esto puede verse hoy como consecuencia de la aplicación de un modelo económico fallido en Venezuela. De ahí la importancia de analizar la propuesta económica de los candidatos.

Sin embargo, y no creo que deba acreditársele a Cambridge Analytica, muchas personas intentan dar por terminada la discusión argumentando que, como el PAN y el PRI han decepcionado, hay que darle oportunidad a otro partido para que gobierne.

Llaman a votar no para tener un mejor futuro, ni para que las nuevas generaciones gocen de mejores oportunidades; simplemente para darle chance al que no le ha tocado, no obstante que sus propuestas puedan conducirnos, en el mejor de los casos, al estancamiento económico. Porque no puede esperarse otra cosa de la propuesta económica de Morena, si bien nos va, insisto, que el estancamiento.

Como quedó demostrado en la entrevista en la que se dignó participar López Obrador, en Milenio, donde develó que gobernará más con Taibo que con Romo; es decir con el ala radical de su partido, y que realmente sí va en serio su propósito de echar atrás las reformas estructurales, básicamente la educativa y la energética.

Indicando, cuando se le advirtió que las reformas constitucionales requieren de la aprobación del Legislativo, que no tiene prisa, que puede tardar todo su sexenio para revertirlas, lo que nos conduciría a un estancamiento económico por la incertidumbre que generaría la falta de garantías para la inversión, no sólo extranjera, sino también local.

Peor aún, también explicó, para los que quisieran entenderlo, el método para evadir y dejar de tomar en cuenta al Congreso de la Unión: las consultas populares.

Como sucedió con Maduro, que para disolver al Congreso, que no le era favorable, convocó a una consulta popular para crear otro congreso constituyente, sin la participación de los demás partidos políticos.

Lo que en mi opinión ha encendido focos rojos en nuestra democracia, que corre el riesgo de pasar de ser de instituciones sólidas a otra más similar a la del Circo Romano.

Más que entregar la plaza, a la manera del CCE, es tiempo de que sumemos fuerzas para proteger a nuestro país del estancamiento económico, y a nuestras instituciones democráticas del peligro que representa el autoritarismo del que “ya le toca”.