Los simpatizantes de Morena, sobre todo del círculo más cercano a López Obrador, realizan esfuerzos ingentes para convencernos de que su ventaja es irreversible. Que las encuestas o la ponderación que de ellas hacen lo dan como el definitivo vencedor y que nada ni nadie, suceda lo que suceda, debates incluidos, puede hacer que pierda la delantera.

No obstante, actitudes de ese tipo siempre dan que pensar, y preguntar: ¿Cuál es la prisa? ¿Por qué tanto apresuramiento?

Porque si estuvieran realmente convencidos de su inminente victoria no asumirían una conducta tan agresiva y prepotente. Lo que no creo que abone para su causa, ni mucho menos a la de la democracia.

Una cosa es tratar de convencer a la gente de que su victoria es posible, y otra es presentarla como una fatalidad, como el invierno que viene en “Juego de Tronos”.

Lo que de por sí constituye un síntoma de fanatismo con tintes mesiánicos, donde quieren convencer de que carece de importancia el esfuerzo que pueda realizar el ciudadano, incluso, para impulsarlo. Ya que se impondrá aun en contra de su voluntad, como la ley de la gravedad.

Es una estrategia que, en lugar de invitar a la participación de los ciudadanos, lo que realmente promueve es la inacción, el inmovilismo. Como sucedió con el Brexit y la elección de Donald Trump; así convencieron a los jóvenes de no participar, puesto que la salida de la Comunidad Europea estaba descartada, y a los demócratas de que resultaba imposible el triunfo de Trump.

Si así fuera, ¿por qué tanta obstinación en mantener copadas las redes sociales con bots y zombies, con tácticas modernísimas de bloqueo, que impiden hacer comentarios. Donde un argumento suele ser respondido con consignas, amenazas, insultos y vituperios.

¿Esa es la democracia a que aspiramos? ¿O más bien un anuncio de lo que nos esperaría en su remedo de tierra prometida donde confían ensayar la nueva versión tropical del trasnochado Sistema de Partido Único que los tiene fascinados; donde el derecho de criticar, disentir y pensar están vetados? Por el contrario, que intenten desmovilizarnos es prueba de que no todo está dicho; que muestren desesperación por tomar hoy la victoria virtual de las encuestas es sólo síntoma de su preocupación de que se les caiga la sopa una vez más.

Su triunfo parcial consiste en haber creado un ambiente igual al del pasado, donde los resultados de las encuestas eran similares a los de hoy, por el temor que tenía la gente a manifestar sus preferencias electorales.

Pero si no hay condiciones materiales para reeditar el pasado de un Estado monopólico y obeso, tampoco las hay para impedir que votemos por quien nos dé la gana. Por eso no quieren esperar al 1 de julio.