Ante la drástica centralización de la vida política nacional, favorecida por la sincronización de las elecciones federales con las locales, no resulta nada extraño que Yucatán pueda salir hoy día, como en otros tiempos, en defensa de su desarrollo local, como pudiera suceder en otras regiones cuyo proceso de desarrollo resulte diferente del que predomina en el centro del país, bajo cuya óptica parecen disputarse los partidos políticos la nación.

Y es que como producto tanto de la herencia de nuestra cultura ancestral como de las prácticas democráticas que hemos ido adoptando los yucatecos a través del tiempo, nuestro Estado ha experimentado en los últimos años un crecimiento económico que, superando el promedio nacional, está impulsando la generación de empleos para ubicarnos hoy entre las sociedades con menor índice de desocupación y que tiende a futuro a revalorar los ingresos de los trabajadores.

De manera que, al contar con una conducción gubernamental eficiente, se ha puesto en marcha un círculo virtuoso de inversión-crecimiento-inversión, sustentado por una parte en una política impecable de preservación de la seguridad pública y por otra en la estrategia de tenaz promoción para atraer la inversión nacional y extranjera, así como de incentivos para los inversionistas locales.

Así que las demandas relacionadas con la inseguridad, el desempleo y la corrupción, que tanta resonancia encuentran “a nivel nacional” y que constituyen la principal fuente de propaganda de los partidos que se disputan la nación, no encuentran eco en la sociedad yucateca, cuya preocupación principal consiste en mantener el estado de seguridad pública, que constituye el principal atractivo para la inversión.

Ello ha quedado claro a través de las organizaciones empresariales que no han dudado en hacer explícita su demanda, ante los candidatos de todos los partidos, sobre la necesidad de que el próximo gobierno ratifique a los responsables de la seguridad pública en el Estado.

De manera que al contar con un gobierno eficiente, sobrio y bien calificado, como el de Rolando Zapata Bello, la sociedad yucateca se pronuncia por no poner en riesgo su proceso regional de desarrollo, optando por distanciarse de la discusión nacional, para defender su derecho a imprimirle a su dinámica las modalidades que juzgue más convenientes para procurarse un mejor futuro.

Son estas razones las que me motivan a expresar que Yucatán es “El país que no se parece a otro”, como afirmara en el título de su obra José Castillo Torre, colaborador, por cierto, de Salvador Alvarado y Felipe Carrillo Puerto y defensor, en el Congreso de la Unión, del derecho de los yucatecos a decidir nuestro propio destino.