Seguramente usted también ya se dio cuenta de que sobrevivieron otros tres años tres importantes problemas del Centro Histórico de Mérida, como son los relativos al comercio callejero, la subutilización del mercado San Benito y la no utilización del edificio “elefante blanco” denominado La Pepita.

Otra administración municipal pasó y en ninguno de esos tres casos hubo avance. Los del San Benito y La Pepita parecen menos gravosos que el del comercio callejero, porque éste afecta directamente a los ciudadanos, quienes incluso ponen en peligro su vida al tener que bajar de las aceras porque están ocupadas, casi bloqueadas, con toda clase de mercancías, desde calcetines hasta rasuradoras de plástico y pilas, pasando por frutas y otras cosas comestibles o bebibles.

Casi cada administración municipal ha prometido al empezar ponerle solución a esos tres asuntos, sin que el objetivo se haya conseguido. En el San Benito y La Pepita no se puede olvidar que requirieron importantes inversiones que, como ya sabemos, salieron del bolsillo de usted y de todos los contribuyentes.

Respecto del comercio callejero (nos parece mejor este adjetivo que el de semifijo, y mucho más que el de ambulante, porque casi nadie ambula para vender), quizás sea hora de resignarse a que no se resuelva nunca, pues es evidente que ningún gobernante quiere afrontar el costo político que tendría tomar el toro por los cuernos. Si asumimos que el problema es irremediable, tendríamos entonces que pedirle (exigirle no tiene caso) a la autoridad que aplique medidas de mitigación y de regularización de la actividad.

Al momento y después de muchos años, nunca hemos escuchado un informe de cuánto se recauda por el pago de derechos para vender en la calle –en el centro y las colonias–, y sí en cambio hemos visto que se instalen cada vez más vendedores en sitios públicos. Uno de tantos ejemplos es el Parque Recreativo de Oriente, cuya esquina noroeste queda casi totalmente bloqueada por vendedores de tortas que seguramente le pagan a alguien una buena cuota, y lo mismo debe suceder con las decenas de comerciantes que participan en una especie de feria ciertos días de la semana, ocupando totalmente el costado oriente de esas instalaciones públicas.

Para muchos ciudadanos el problema del comercio callejero parecería fácil de resolver, pero los años pasan y todo sigue igual o tantito peor. Y la verdad ya cansa estar señalando el problema sin que se haga nada. ¿O usted cómo lo ve?