Qué tal, estimado lector. En esta ocasión quiero compartirte algo que espero te ayude a reflexionar sobre lo que tenemos tan cerca y que muchas veces no sabemos valorar o lo hacemos hasta que ya no están: me refiero a nuestros viejos, los de cabello cano y de valiosos consejos, quienes a lo largo de décadas han acumulado experiencia y mucha sabiduría, pero que casi siempre no tienen el reconocimiento que deberían y lejos de eso viven en una pequeña habitación o en un asilo con las dificultades físicas propias de la edad y muchas ganas de sentirse queridos.

En repetidas ocasiones he tenido la oportunidad de coincidir con algunas de estas valiosas personas y me he dado cuenta que tienen mucho por entregar, como tiempo y anécdotas, pero sobre todo muchos consejos, y con sinceridad te digo que han sido las pláticas más enriquecedoras, en las que sus palabras han retumbado en mi mente ayudando a la reflexión y a valorar lo que tengo y también lo que no. Te hacen entender que muchas veces es mejor ir un poco lento, apreciar esos detalles que a simple vista no se perciben, disfrutar de la felicidad que regalan pequeños momentos, esos que te aseguro no disfrutas por vivir a prisa por el trabajo, los compromisos de la sociedad o por el dichoso celular.

Pregúntate qué va a pasar cuando esos viejos ya no estén; nada, ¿verdad? Entonces vamos a vivir un poco como nuestros abuelos, disfruta un poco más la vida; por eso te invito a que te des un tiempo considerable para cruzar palabras con los maestros de la experiencia, pero no vayas lejos, ya que en tu familia seguro hay y son nuestros abuelos, padres o hermanos. Démosles la oportunidad de que nos instruyan con sus anécdotas, aventuras y demás, retomemos la importancia que tenían tiempo atrás, regresémosles su lugar en nuestra sociedad que bien ganado se lo tienen.

Hasta pronto y disfruten el día y la vida.