Arturo Valadez Gillermo/SIPSE

Mérida, Yuc.- Hola una vez más, estimado lector. Déjeme decirle que para muchos en esta época buenos deseos y bondad están a flor de piel y al acercarse el adiós a 2017 todos iban preparando cuáles serán las metas que con cada uva esperaban cumplir en 2018, y es ahí donde les hago una invitación a que al menos una o dos sean destinadas a ayudar al prójimo. Hay un ejemplo que cambió completamente mi forma de pensar y ver la vida.

Se trata de la historia de un hombre que conocí hace un tiempo, su nombre es Tomás, vive en la comisaría de Xcanatún, donde también trabaja; con actitud tranquila y noble, humilde en su hablar y a pesar de tener 33 años, es analfabeta y su más grande anhelo ha sido ser payaso, meta que con el paso del tiempo logró cumplir de alguna forma, ya que las pocas oportunidades y su situación económica han hecho que tome algunas prendas e improvise a Tomy el Payasito. El sólo verlo caracterizado emana un sentimiento de ternura y empatía, te invita a seguir su rutina y reír con sus ocurrencias, a pesar de que el vestuario deja mucho que desear, pero a él poco le importa, ya que su principal motivación es hacer reír a los más pequeños del lugar; parte de sus ganancias como empleado de un hotel son destinadas a comprar juguetes y dulces para los niños y sin recibir nada a cambio entretiene a sus vecinos.

Al preguntarle el motivo de su actuar, se limita a decir que quiere que los niños tengan lo que él nunca tuvo, que disfruten, rían lo que le hubiera gustado a esa edad y sin rencor asegura que no cambiaría nada, porque sabe que su labor hace felices a muchos.

Espero consideres sacar más seguido el Tomy que todos tenemos dentro, pero que sólo falta atrevernos a intentarlo porque las oportunidades están ahí y hay que tomarlas. No dejes de soñar y permite salir más al niño que tienes dentro. Hasta la próxima.