Qué tal mi estimado lector: hace un par de días una idea rondaba por mi mente, una que seguramente ha pasado por la de todos, me refiero a las segundas oportunidades y es que muchos que tenemos salud y esas ocasiones de hacer algo no apreciamos la vida como debería de ser, sintiéndonos hasta soberbios al pensar que nada nos puede pasar; todo lo queremos y todo lo podemos. La realidad, sin embargo, es que no es así: somos humanos, débiles, fallamos y caemos, está en nuestra naturaleza y supongo que es para darle valor a las cosas, superar nuestros límites y levantarnos de los tropiezos. A veces es un poco más difícil pero no imposible.

Hace un par de años, en un evento conocí a una madre y su hijo, ambos querían una segunda oportunidad; sus nombres son María Tuyub y Brandon, quien a sus 7 años estaba diagnosticado con cáncer, pero sus ganas de salir adelante superaban todo obstáculo, desde los pesados tratamientos médicos, largos viajes para terapias y más. Lo único que quería Brandon era volar en un helicóptero, algo que ocurrió a las pocas semanas de ese encuentro gracias a la Policía Federal.

La felicidad no cabía en el rostro del pequeño, la pena quedó a un lado al tener el casco y apoderarse de los controles de la aeronave; en ese instante entendí que las cosas llegan en el momento exacto, no antes ni después, ya que toda esta inyección de felicidad y motivación le hicieron dar el extra a este pequeño, era la oportunidad que buscaban él y su madre. Pasó exactamente un año y su madre me abordó en un evento para confiarme que su hijo ya estaba fuera de peligro y había superado la fase más complicada de la enfermedad. Al escuchar esas palabras la felicidad que transmitía la emocionada mujer me invadió y me hizo entender que el panorama por más oscuro que parezca siempre ofrece una luz al final del camino y todos merecemos una nueva oportunidad para demostrar lo que podemos llegar a ser.