Se cruzan nuestras agendas y coincidimos en que cada miércoles ha quedado fijo para reunirnos mis amigas y yo por un smoothie de frutas rojas, un capuccino, un café expreso y la plática sobre la mesa.

A Ale la encontré en un taller de moda, riéndose de los tacones que había llevado esa vez (eran demasiado altos), pues se le dificultaba caminar con ellos. Le dije que era cuestión de práctica, “a la mayoría nos pasa”. Así llevamos nuestros dos años de amistad, se puso cañón cuando Ale y yo nos propusimos encontrar a nuestra tercera parte, una amiga más. Tuvimos que pasar de todo.

Aprendimos lo que no le perdonaríamos a una amiga y ya creemos en la frase de “las apariencias engañan”, nos traicionaron creando chismes sobre nosotras, poniéndonos a las dos en conflicto, discutíamos, casi, casi nos tirábamos del pelo, nos echaban en cara nuestros errores, se burlaban de nosotras a nuestras espaldas; no lo permitimos más y decidimos alejarnos de esa gente tóxica que se aprovechaba de nuestra amistad.

Uf, conocimos a Yeyé. Cuando coincidimos con ella la primera vez, descubrimos que cuando voltea hacia la izquierda acompañado de una mueca con la boca activa su modo incrédula. De un tiempo para acá, ya le conocemos más gestos que quieren decir palabras incluso hasta frases.

Una mejor amiga como Ale y Yeyé es alguien que tiene la virtud de hacerte sentir totalmente cómoda, te escucha, le puedes contar a detalle lo que vives y no hacen ni el más mínimo intento por juzgarte. Siempre estará incondicionalmente en los mejores o peores momentos. Juntas sabrán perdonar y comenzar desde cero. Nadie como ellas saben tanto de ti. Vayamos más a fondo, se esfuerzan por ver tu interior. Jamás intentarán sabotearte o bajarte al novio y mucho menos andar con tu ex, ni tus sobras de antiguos enamorados, a menos que lo acuerden.

De cajón esto debe ser mutuo. No se tropiecen, la confianza será su voilá.