La región de América es violenta desde hace décadas. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) señala en el Reporte Global del Homicidio que durante la última década, en esta región, en donde se ubica México, los niveles de homicidio han aumentado. De hecho, afirma que el continente ha tenido tasas de homicidio de cinco a ocho veces mayores que las de Europa y Asia desde 1950.
Así como la violencia se concentra en ciertas regiones, también se concentra en ciertos grupos respecto del sexo y del tipo de autores de los mismos y en esta forma de análisis, tristemente, las mujeres están en un riesgo considerablemente mayor que los hombres en el contexto familiar y de relaciones de pareja.

El reporte de la OPS apunta que, a nivel mundial, dos terceras partes de las víctimas de homicidio cometido por compañeros íntimos o familiares son mujeres (43,600 en 2012) y sólo un tercio (20,000) son hombres. Casi la mitad (47%) de todas las víctimas femeninas en 2012 fueron asesinadas por sus compañeros íntimos o familiares, en comparación con menos de 6% de las víctimas masculinas.

Es decir, “una gran proporción de mujeres víctimas pierde la vida a manos de quienes se esperaría que las protegieran”, mientras que a la mayoría de los hombres los asesinan personas que quizá ni siquiera conocen, apunta.

Estas macro estadísticas nos deben hacer pensar en una serie de cuestionamientos cuyas respuestas son necesarias para una verdadera estrategia de combate a la violencia en nuestro país y en nuestro estado. Tener las respuestas con investigaciones serias e información real sería la diferencia entre “dar patadas de ciego” o generar estrategias de prevención que tengan un “blanco” más preciso y en consecuencia una mejor efectividad.

En Yucatán, la violencia parece darse más bien dentro de las viviendas. Es probable que el tipo de homicidios que prevalece en Yucatán sea lo que el estudio de la OPS llama “homicidio asociado a conflictos interpersonales” y que implica que el homicida es un familiar o amigo de la víctima. Es decir, muy probablemente en Yucatán tenemos un tema de violencia familiar, cuya causa podría estar más asociada a la salud mental de los integrantes de las familias. Y convendría saber en qué porcentaje de estos homicidios se presentan, además, temas de consumo de drogas y alcohol, factores “transversales externos” que también deberían ser medidos y conocidos si de verdad se quiere enfrentar a tiempo este problema.