De pronto se armó el escándalo, los golpes, insultos, gritos, del Respetable, porque las puertas de la réplica de la Capilla Sixtina en Mérida se cerraron con doble llave y ya no se permitió el paso a ningún extraño al evento.

Bueno, ni el comandante Saidén logró tranquilizar a la raza, todos querían entrar a admirar las copias de las pinturas de Michelangelo, y nadie pudo hacerlo.

¿Y qué pasó? -se duele El Transcriptor-, ¿le jugaron chueco a Vila? ¿Se levantaron antes a la Sixtina? ¿Se acabó lo que se vendía. No, nada de eso, dice la columna Viernes Cultural, y explica:

Los mandamases priistas se erigieron en Colegio Cardenalicio y están celebrando, en estos momentos, a puerta cerrada, su cónclave en el xtokoy solar, pare elegir al “papam” del próximo gobierno estatal.

Yo los vi desfilar, a la entrada, a los siete fantásticos:

Víctor con sus libros de texto gratuito, Jorge Carlos con su Gran Tintero Plateado y su campana de bronce, Roberto con su Escudo Yucatán, Pablo con un chupón. Mauricio con su lista de beneficiarios sociales, Liborio con sus enseres domésticos y auténtica longaniza vallisoletana, y Felipe con sus afirmaciones que el apellido no beneficia ni perjudica sino todo lo contrario.

Los siete siguen encerrados, ya ensayaron, dicen, todo tipo de artilugios –divinos y otros no tanto- para designar al ungido, y nada todavía, no hay la esperada “fumata” blanca. Están agotados, cansados, macilentos, ojerosos, nerviosos.Todos esperan se pronuncie la frase ritual: “Habemus candidato”. Y por supuesto, sólo quieren oír su nombre y nada más que su nombre…

De nada… Saludos….