Para Martiniano Alcocer Álvarez,
solidariamente

El Transcriptor se confiesa (¡increíble, inconcebible!) ante la columna Viernes Cultural, luego de beber sendas tazas de espresso doble, y todavía se encuentra nervioso, acongojado y contrito.

Como se extendió el plazo para visitar la exposición de la réplica de la Capilla Sixtina en Mérida, y ante ciertos reclamos femeninos de parte de mi “sobrina”, accedí a llevarla para que se asombre con las copias de las formidables pinturas de Michelangelo Buonarroti.

En la Santa Sede del Vaticano, se sabe, una de las principales funciones de la Capilla Sixtina es ser el recinto del cónclave del Colegio de Cardenales, en el que se elige al papa.

Pues bien, llevé a mi “sobrina” a admirar la réplica. Pero, como es muy juguetona, antes hicimos una escala en un conocido motelito, ubicado cerca de la Sixtina.

Luego, bañaditos y olorosos, hicimos el recorrido por la Capilla, y al salir mi “sobrina” me alertó.

Mira, mira la chimenea, sale humo blanco: Habemus papam.

Felicidades, tú no serás papam, sino serás ¡papá!

En eso, el erotómano de su vida, se desmayó.

Y despertó, agitado, de la espantosa, infernal pesadilla.

De nada… Saludos…