A los problemas de desnutrición, se suma en la actualidad la epidemia de sobrepeso y obesidad que impactan severamente en la salud de la población yucateca y, en particular, del pueblo maya. Las enfermedades de tipo crónico degenerativo, como la diabetes y la hipertensión, son la principal causa de visita a los servicios de salud. Males que provocan complicaciones y, por ende, discapacidad temporal, permanente o muerte prematura con consecuencias dramáticas en la productividad social del individuo y la familia.

Los alimentos procesados (envasados, enlatados, embolsados, embotellados, etc.) con poco o nulo valor nutritivo han llegado a los lugares más recónditos de la geografía peninsular, y están paulatinamente desplazando a los productos locales (frutas y verduras, cereales, etc.) como consecuencia de la publicidad difundida por los medios masivos de comunicación. No se trata tanto de un problema de insuficiencia de alimentos, sino de la calidad de éstos.

El reto es cómo cambiar esta situación, cómo apoyar y persuadir a las poblaciones rural e indígena para que decidan cambiar o regresar a un estilo de alimentación (basado en los productos de la milpa, el solar, la parcela) que predominó hasta hace varias décadas, y cómo aprovechar los alimentos que se producen localmente para satisfacer las necesidades de la familia.

Ahora más que nunca se hace indispensable articular diversas áreas del conocimiento con el fin de atender y afrontar los trastornos nutricionales y aumentar así la esperanza y la calidad de vida.

Además de la presencia de médicos, enfermeras y promotores de salud bilingües –maya-español–, se requiere contar en las clínicas rurales con nutriólogos sensibles y capaces de comprender que los pueblos originarios, como el maya, poseen una cultura propia de la alimentación: los valores atribuidos a las comidas y bebidas, las formas de clasificarlas, de elaborarlas y los hábitos de consumo. Aspectos que deben considerarse en cualquier proyecto o programa que busque mejorar las condiciones de vida y salud del pueblo maya. De lo contrario, se estará siguiendo un modelo que subestima los aspectos sociales, culturales y de género; los ritos, los ciclos vitales y los saberes en el mantenimiento o pérdida de la salud, e impone otro, ajeno al grupo en cuestión.

Hay que impulsar estrategias interculturales de atención a la salud que articulen los dos sistemas médicos (institucional y tradicional o local) e involucren a los usuarios de los programas.