En México, conquista, colonización y racismo han estado estrechamente vinculados. Durante el periodo colonial, el sistema de castas en la península yucateca estuvo fundado en una profunda discriminación y racismo hacia los grupos mayas y otras minorías étnicas. Estas prácticas coloniales no desaparecieron con la Independencia y penosamente persisten hasta nuestros días, aunque nadie admite ser racista.

Hoy podemos diferenciar al menos tres tipos de destinatarios de la discriminación étnico-racial: 1) aquellos que presentan rasgos fenotípicos mayas (color de piel, tipo de cabello, de los labios, los ojos, y la nariz, entre otros) y, además, poseen un bagaje cultural idosincrásico (manifestaciones artísticas, culturales e intelectuales propias del pueblo maya); 2) aquellos individuos que exhiben rasgos físicos mayas pero que no poseen un bagaje cultural idosincrásico, y 3) personas con un bagaje cultural muy amplio pero que, debido al antiguo proceso de mestizaje, no presentan una fisionomía racial que los distinga de su región, y cuyos comportamientos, vestido, lengua, acento, bajo nivel educativo, incluso el apellido maya, son marcadores que suelen ser discriminados por parte de la población “blanca”.

Estas prácticas racistas, derivadas del proceso de colonización, siguen inconscientemente arraigadas en la mentalidad de muchos yucatecos –como si éstas carecieran de historia– y se reproducen de manera automática, “por costumbre”, como si las desigualdades sociales fueran cualidades “naturales” que determinan la inferioridad de las posiciones sociales de los no blancos.

Las formas que adquiere el racismo en las relaciones cotidianas en Yucatán son tan variadas, que van desde la máxima discriminación racista consciente y directa hasta la mínima discriminación inconsciente, expresada con palabras “inocentes”, miradas, gestos y actitudes. Racismo alimentado muchas veces por los medios de comunicación, quienes habitualmente incurren en la representación caricaturesca y estereotipada del ser maya, aceptada en la sociedad.

Abundan las voces, frases (españolas o híbridas maya-español), y los chistes propios de la terminología del prejuicio étnico-racial del yucateco para discriminar a los que no considera sus iguales; es decir, para ubicar a las personas según su origen y condición social, o simplemente para manifestar desprecio y marginación, y que trataré con ejemplos en la próxima entrega.