Las rutinas de la vida diaria y los usos lingüísticos que otorgan identidad propia y peculiar a los yucatecos peninsulares están concentrados en el Diccionario breve del español yucateco, edición revisada, actualizada y abreviada del Diccionario del español yucateco co editada en 2011 por Plaza y Valdés Editores y la Universidad Autónoma de Yucatán, como parte de la colección “Lenguas de nuestra tierra”.

Esta nueva publicación (2018), bajo el sello de la UADY y la Academia Mexicana de la Lengua, de la cual soy miembro correspondiente, muestra las voces y acepciones usadas y compartidas por tres generaciones de hablantes: abuelos, padres e hijos.

Trae voces y definiciones, si no exclusivas, sí propias del español peninsular, desde la terminología referida a la fauna (silvestre, marina y doméstica), la flora (las plantas y sus frutos), y la gastronomía (comidas, bebidas y postres), hasta la anatomía, la apariencia física, las enfermedades, la muerte, el sexo y las formas familiares de tratamiento y camaradería. Sin omitir aquellas voces altisonantes y ofensivas, comunes en boca del yucateco.

Para resolver inquietudes lingüísticas y evitar confusiones, se incluyó la etimología de las palabras, principalmente en los préstamos mayas, que se incorporan al español con una leve o sin modificación alguna. Un ingrediente nuevo en esta edición, además de la adición de neologismos y campechanismos, son los gentilicios, donde aparecen de manera incidental los toponímicos de los tres estados y sus etimologías: cozumeleño, de Cozumel, municipio del estado de Quintana Roo, del maya kusam, golondrina e –il, sufijo de sitio o lugar. Lit.

“Lugar de las golondrinas”.

El Diccionario, de 304 páginas, se apoyó en fuentes bibliográficas, hemerográficas, electrónicas y fuentes de primera mano. Presenta más de 3,400 voces y 4,000 acepciones del español yucateco, crisol de rasgos lingüísticos de procedencia y origen diverso.

Nahuatlismos como tequioso, xmaculís, chimole, chaquiste, hipil, pochote; voces mayas (salbut’, xmajaná, k’ol, saskab, tomojchi’, xooch’, pich’); híbridismos (chocolomo, pibipollo, chicolear, chibaluna, sacuchero, xkok’ita); voces taínas (ajiaco, bajareque, huano, pitahaya) o arahuacas (cayuco, caimito, guayaba) son algunas de las de uso coloquial o popular, amén de voces del árabe hispánico que nos llegaron durante el periodo colonial (alarife, albarrada, aldaba, almuerzo, alpargata) o arcaísmos de origen hispano aún vigentes en la península (interjecciones ¡fo!, ¡xo!, ¡huay!) o la voz misho para referirse al gato.

La presente edición se moderniza, crece y se pule, pero sin perder su distintivo y sus virtudes. Ha sido pensada para atender a todos los usuarios, brindando lo esencial en un solo volumen.