José Salazar/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.- La adicción al trabajo (también conocida con el término anglosajón “workaholics” o “trabajólicos”) se caracteriza por una necesidad excesiva e incontrolable de trabajar de forma constante.

Este comportamiento puede interferir en la salud física y emocional y en las relaciones sociales. Sin embargo, más que una adicción, de acuerdo con especialistas puede estar asociada a enfermedades de salud mental como el Trastorno por Déficit de Atención no atendido.

“Trabajar en exceso no está incluido en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CEI). Se trata de una conducta que se debe a otras situaciones, por ejemplo, problemas de alcoholismo, drogadicción, depresión o ansiedad. Recurren al trabajo como forma de protección para no caer en su adicción”, aseveró Adrián Novelo del Valle, psicoterapeuta de la Clínica Psiquiatría Integral, ubicada en Cenit Altabrisa.

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Agregó que algunos pacientes que desconocen que padecen algún trastorno emocional pueden hacerse adictos al trabajo para no sentir los síntomas que causan estos padecimientos. Esta conducta laboral, afirmó el psiquiatra egresado de la UNAM, se presenta por igual en hombres y mujeres de cualquier edad.

Los adictos al trabajo, como cualquier otra persona, pueden desarrollar ansiedad o depresión al vivir una situación adversa, como la pérdida laboral o un cambio radical en su vida.

“Estas personas también pueden presentar problemas ante el estrés y padecer lo que se conoce como Síndrome de Adaptación, que es la respuesta del organismo ante una situación de tensión, que dura alrededor de tres meses”, indicó el especialista en salud mental.

Los “workaholics” se caracterizan por dar prioridad a su actividad laboral y se olvidan de que hay otras cosas importantes. No pueden poner un límite entre la vida personal y laboral, ni priorizan lo más relevante. Aunque se da más frecuentemente en cargos directivos y empresas financieras, puede afectar a cualquier empleado.

Por último, recomendó acudir a un profesional de la salud mental cuando ese comportamiento afecte algunas áreas de su vida. “Como cualquier otra enfermedad, la persona tendría que ser valorada y definir qué tipo de atención es la que requiere para ayudarla a superar su problema”.