José Salazar/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.- Durante 2016, en Yucatán se realizó la prueba del Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) a 25 mil mujeres embarazadas, lo que significa que únicamente se aplica a la mitad de las mujeres en gestación.

El Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste) y la Secretaría de Salud (SESA), realizan ese estudio a 50% de mujeres en embarazo, mientras el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) alcanza a 76% de ese sector de la población.

De acuerdo con las recomendaciones emitidas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), este tamizaje debe aplicarse a por lo menos 95% de las mujeres embarazadas, con el objetivo de garantizar tanto su estado de salud como el de su bebé.

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El panorama para las mujeres embarazadas de Yucatán también se da a nivel nacional, ya que datos del Centro Nacional para la Prevención y Control del VIH y el Sida (Censida) indican que durante 2016, se realizó el examen a un millón 169 mil mujeres en etapa de gestación, lo que significa que sólo la mitad de ellas verificaron si eran portadoras.

Falta de cultura 

De acuerdo con el organismo nacional, esto demuestra que las embarazadas desconocen sobre esta medida de prevención, así como la falta de preocupación que existe entre los médicos por realizar el examen a sus pacientes.

Especialistas advierten que el número de casos de transmisión de VIH por medio del embarazo, es mucho menor al contagio por relaciones sexuales, pero es una forma más efectiva de transferir el virus. La posibilidad de que una madre herede la enfermedad a su hijo es de 35%, mientras la de adquirirla a través de las relaciones sexuales se reduce a 0.5%.

El primer trimestre de gestación es el idóneo para controlar el virus y evitar la transmisión a los bebés, pero en muchas ocasiones las detecciones se realizan entre los cuatro y cinco meses. En general, las mujeres embarazadas se sienten ajenas al VIH y piensan que se trata de una población que no se encuentra expuesta a él.

Piensan que al quedar embarazadas, automáticamente se elimina el riesgo de contagio de esta enfermedad mortal y la realidad no es así, por lo que no se realizan las pruebas de manera espontánea, ni piensan si mantuvieron un acto sexual de riesgo.