En solo un sexenio el país decidió ser gobernado por dos partidos completamente opuestos, lo que deja mucho para reflexionar:

1. Resulta muy extraño el fenómeno Morena. En un solo sexenio este partido pasó de no existir a contar con la mayoría en el Congreso, lo que incluso parece un poco incongruente. Quizá muchas de las victorias morenistas se lograron a partir de la figura de AMLO y no porque sus candidatos hayan ofrecido propuestas claras o sean los mejor preparados. Como ejemplo, la victoria de Cuauhtémoc Blanco en Morelos.

2. Los mexicanos le cobraron caro al presidente Peña su régimen soberbio. Durante el último semestre el presidente y su gabinete vivieron exigiendo a los ciudadanos que “voten con la razón y no con el enojo”; además de continuamente descalificar el sentir social asegurando que en nuestro país solamente se habla de lo malo. En el siglo XXI, un gobierno que no reconoce sus errores está destinado a morir.

3. En México aún existe poco respeto a las ideas contrarias: desde que se dieron a conocer los resultados presidenciales, en redes sociales comenzaron a circular un sinfín de mensajes denigrantes contra los seguidores de los candidatos que no ganaron la elección. Incluso la coordinadora de campaña de AMLO, Tatiana Clouthier, lanzó un exigencia: “Hay que bajarle dos rayitas a las bromas”. Los ciudadanos no debemos tomar partido y menos comenzar batallas absurdas contra aquellos que a la hora de votar escogieron una opción distinta a la nuestra. Al fin y al cabo todos seguiremos viviendo en el mismo México y tendremos a los mismos gobernantes. Ese es el significado de la democracia.

4. Del domingo me quedo con el heroico trabajo de miles de ciudadanos para poder realizar las elecciones, y con la frase del historiador Enrique Krauze sobre si México debería de preocuparse por la llegada de una nueva administración: “A nada hay que tenerle más miedo que al miedo”. Los mexicanos no podemos seguir viviendo con temor.