No soy para nada crítico de cine, pero “La sombra del agua”, de Guillermo del Toro, me ha hecho reflexionar. No se trata de mi película favorita, ni siquiera de mi encanto, pero te lleva a los años 60 para vivir las situaciones cotidianas de los años actuales.

El agua adopta la forma de cualquier molde, así como la visión, conclusión y sentimientos que uno obtenga al mirar la película que nos demuestra que el único monstruo es el ser humano en su crisis de valores. Hubo escenas de una especie de zoofilia y masturbación que me causaron repulsión, pero también existieron temas más interesantes para luego debatir, donde discretamente se nos presenta el rechazo a la raza y al homosexual, además cómo en éste repercute muchas veces el no comprenderse, aunado a la dificultad de gritar a los vientos sus gustos. También observamos la gran crisis laboral: el jefe abusador que explota al empleado con bajos salarios y largas jornadas.

Se nos presenta un antagonista machista, acosador, que obliga a su pareja a sus fetiches; que representa a un clásico humano desidioso de su salud, infiel y ambicioso, que, cargado de ganas de poder, aplasta a quien le va bien en la vida para poder resaltar, como ocurre a diario en esta sociedad mexicana. Y por último no puedo dejar pasar el ejemplo de la señora “luchona”, que saca la casta en el hogar a pesar de tener un hombre mandón, que desde el sofá y el control de la tele desea tener dominio de su casa y familia, pero que, a fin de cuentas, resulta ser un cobarde, como ocurre en gran parte del país.

Espero, amigo lector, que tengas la oportunidad de mirar “entre líneas o escenas” esta película y poder definir con tus sentimientos qué forma le ves al agua.