En Caleidoscopios anteriores les he compartido la necesidad de darle prioridad a la naturaleza en el desarrollo de Yucatán. A principio de la actual administración estatal y mediante el establecimiento de un compromiso de gobierno fue presentada una de las obras que vendrá a complementar el desarrollo de la llamada Zona Económica Especial de Progreso, el despunte del Parque Científico y Tecnológico y el corredor industrial establecido en esa zona del Estado; me refiero a la modernización de la carretera que va de Sierra Papacal a Chuburná Puerto y que se ubica en una Unidad de Gestión Ambiental (UGA) en donde predomina el ecosistema costero y por ende es una importante zona de mangle, especie protegida y altamente cuidada en nuestro país por el potencial natural que aporta al entorno ambiental y al desarrollo de flora y fauna.

Para la realización de cualquier obra que integre un terreno con condiciones de flora y fauna con alto potencial, el promovente deberá entregar a la autoridad una Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) en donde se declaren, entre tras cosas, los posibles impactos al medio ambiente que pudieran ocurrir por la ejecución de dicho proyecto. En esta obra en específico la autorización en materia de impacto ambiental emitida por la Semarnat incluyó una serie de condicionantes en donde se resalta el desarrollo de un programa de recuperación de mangle en poco más de 2 mil hectáreas y que debiera ser ejecutada por un grupo de especialistas que ya trabajan en la península. La obra sería ejecutada por dos instancias. una federal y otra estatal: la SCT y al Incay, pero resulta que el Incay al parecer quiso adornarse con su jefe (el gobernador) y realizó un verdadero ecocidio en la zona: mató, cortó y dañó una gran extensión de mangle dejando un impacto ambiental incalculable en su costo y provocó que la Semarnat, al supervisar el desarrollo de la obra y ver el daño, decidiera detener la construcción.

Este tipo de circunstancias, lejos de ayudar al desarrollo del Estado y a la protección del medio ambiente, pone en evidencia la falta de profesionalismo de los funcionarios que hoy son directivos en las secretarías estatales. Creo que aquí se remarca el concepto real del llamado sentido común, que no es el más común de los sentidos. Y como dije en mi Caleidoscopio hace ya varios años: ¿Y el medio ambiente, apá?