Pa’abu’ul significa romper el cántaro. Es una práctica anual que se realizaba en varios pueblos de Yucatán, pero hoy solamente se conserva en Teabo. Previo al día de Pa’abu’ul los niños y jóvenes del pueblo se dedican a pescar culebras, iguanas y ratones de campo, los cuales son depositados en un cántaro que luego se sella para que los animales no salgan. En algunos cántaros a veces se ponen avispas o harina para que al romper el barro el individuo se cubra de polvo o corra para evitar las picaduras de las avispas.

El día de la fiesta los cántaros se trasladan a la plaza, en donde los participantes motivan a las personas a que con la ayuda de una madera rompan las vasijas una a una como si fueran piñatas.

Cuando se rompen los cántaros los animales caen y se meten entre la gente que corre asustada, aunque algunos los pescan y los ayudan a orientarse y salir de entre la multitud.

En ocasiones una charanga ameniza el evento que entre gritos y chiflidos se va animando. En el pa’abu’ul participan niños, jóvenes y adultos de la comunidad.

Este evento representa la lluvia y la caída de estos animales se relaciona con las divinidades asociadas con el sagrado líquido.

El Pa’abu’ul se realiza para afinar los ciclos agrícolas, los mayas esperan la aparición de las Pléyades en la madrugada el día del solsticio de verano, entre el 20 y el 22 de junio. Las pléyades, también conocidas como Las Siete Hermanas, son un cúmulo estelar de la constelación de Tauro y es el más cercano a la tierra.

Los mayas prehispánicos y los abuelos conocen a las pléyades como Tzab kan, que es el crótalo de la serpiente de cascabel. La aparición de Tzab kan a las cuatro de la mañana en el punto en el que va a salir el sol el día del solsticio de verano es indicador de que habrá buena cosecha.

De allí que la ceremonia del pa’abu’ul se asocie con el solsticio de verano y con el anuncio de la buena cosecha. También se entiende como una ceremonia para solicitar la gracia de los dioses para proveer lluvia buena y abundante para lograr la cosecha de maíz.

La ceremonia se ilustra en los códices de Madrid y Dresde, en donde se observa a una anciana sosteniendo un cántaro de donde emergen abundantes chorros de agua para fertilizar la tierra. Las serpientes son símbolos de agua que la embalsan con personajes o chaaco’ob, patronos que cuidan de ella.