William Jennings Bryan fue un destacado político estadounidense que en tres ocasiones se postuló como candidato, por el Partido Demócrata, a la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica, en los años 1896, 1900 y 1908. En ninguna de esas tres oportunidades consiguió alcanzar el objetivo, a pesar de que en todas ellas realizó campañas que resultaron sumamente llamativas y de que gozaba de un elevado apoyo popular gracias a que postulaba doctrinas e ideas abiertamente populistas para su época.

Ejercía una gran influencia dentro de su partido, el Demócrata, la cual fue decisiva para que éste abandonara los principios del laissez faire y adoptara políticas de intervencionismo estatal. Alcanzó reputación como gran orador, y especialmente se le reconoce una serie de discursos con sentimientos anti imperialistas.

En asuntos económicos mostraba desconfianza y hostilidad hacia la clase empresarial y los grandes capitalistas, aunque rechazaba tajantemente las doctrinas comunistas y sindicalistas de aquella época, más bien pensaba que el gobierno federal debía velar por el bienestar de la clase media, permitiéndole tener bienes y riqueza, pero evitando el acaparamiento por los grandes monopolios.

Otra cosa importante que hizo este simbólico personaje fue acuñar una frase que deseo compartir contigo, ya que precisamente hoy adquiere para los mexicanos una enorme relevancia y posee particular pertinencia: “Nuestro destino no es un asunto de oportunidades, es un asunto de elecciones”.

Todos los días hacemos elecciones y tomamos decisiones, y eso es lo que encauza nuestro destino hacia donde nosotros deseamos que se dirija. No son las oportunidades o la ausencia de ellas lo que condiciona y limita nuestra existencia. Otro personaje, Lee Iacocca, decía que “continuamente pasan frente a nosotros magníficas oportunidades, brillantemente disfrazadas como problemas insolubles”.

En realidad, nuestra capacidad de identificar esas oportunidades, pero, más aún, las elecciones que hagamos frente a ellas es lo que dará verdadero sentido a nuestra vida.

Las grandes decisiones, como la que nosotros tenemos que tomar mañana domingo 1 de julio, jamás deben ser evadidas, sino, por el contrario, tienen que ser enfrentadas con alegría, con entusiasmo y energía, teniendo siempre en cuenta que algunas veces decidimos bien y otras mal. En ambos casos, esa decisión nos llevará por un camino sin retorno, pero que sin duda dejará en nosotros una experiencia de alto valor.

Espero que durante la pasada campaña hayas tenido la oportunidad de tener un contacto directo y cercano con quienes pretenden gobernarnos, ya sea desde la Presidencia de la República, el poder legislativo tanto federal como estatal, el poder ejecutivo del estado o el ayuntamiento de la ciudad donde vives, y que ese contacto te haya servido para valorar su capacidad de convertirse en el gobernante que mejor desempeñará la representación que le conferirás con tu voto.

Elige bien, elige libre, elige a quien tú quieras, pero elige.