Usualmente, el cinéfilo mexicano no visita las salas comerciales, pues la oferta cinematográfica es tan burda y tan avasallada por la frivolidad gringa que, cuando se ha visto alguna, se han visto todas. Sin embargo, abril presenta una oferta interesante en las salas de los cines meridanos, con la novedad de que dos de los cineastas más renombrados del orbe traen sus más recientes producciones: Aki Kaurismäki y Andrey Zvyagintsev.

Kaurismäki, el emblemático y multipremiado director finlandés, hace gala de presencia con “El otro lado de la esperanza” (2017), película que continúa su exploración de la problemática de los inmigrantes en el norte de Europa iniciada ya hace algunos años con “Le Havre: Puerto de la esperanza” (2012). En esta ocasión, nos cuenta la historia de Khaled, un migrante sirio que llega a Helsinki después de una azarosa travesía y al que le es negado el asilo político.

En calidad de ilegal, se topa con el señor Wikstrom, quien ha hecho fortuna en un juego de cartas y decide comprar un restaurante de poca monta. Sus caminos se cruzan cuando aquél le ofrece trabajo a Khaled. Lo anterior sirve de excusa para que el director despliegue su característico estilo, con economía en cuanto lenguaje cinemático, una puesta en escena sobria y decadente, salpicada de motivos musicales que evocan la nostalgia, la desolación, el desarraigo y un humor absurdo y peculiar, que a nosotros los latinos probablemente nos resulte ajeno, pero, sin duda, interesante.

Por su parte, Zvyagintsev pergeña “Sin amor” (2017), otro gélido y conmovedor relato de la sociedad rusa que, al igual que en sus dos anteriores éxitos mundiales: “Elena” (2011) y “Leviatán” (2014), radiografía el desencanto de un país incapaz de sustraerse a los males contemporáneos que lo asuelan, como la incomunicación, la soledad, el desarraigo y la hermética vida emocional de sus habitantes.

El relato nos cuenta la historia de una pareja a punto de divorciarse, donde las discusiones y la violencia doméstica son el pan de cada día en un hogar en el cual un pequeño niño se ve expuesto a dichas experiencias traumáticas. Tiempo después, el hijo desaparece sin dejar rastro, lo cual desencadena el dramatismo que sirve de excusa para desnudar el egoísmo de unos padres que no saben lidiar con la situación. Ambos filmes son recomendables si usted desea ver algo diferente. No pierda la oportunidad, no creo que duren en cartelera.