Murió Gérard Genette. La notica llegó repentina e inesperada a estudiantes y profesores de literatura. Genette fue el último crítico, perteneciente a una agrupación elemental para los estudios literarios, en aparecer todavía vivo en la bibliografía de cualquier análisis narrativo. Roland Barthes, Tzvetan Todorov y Julia Kristeva son otros críticos de este grupo y, aunque algunos provenían de diferentes generaciones, en ocasiones habían alternado el papel de discípulos, lectores y colegas que mantenían discusiones sobre cómo pensar la estructura y, un poco más allá, del tejido narrativo dentro de la literatura.

Pero afirmar que sólo la literatura resiente el fallecimiento de Genette sería dejar a un lado lo que los estudios de cine, la historieta, la novela gráfica y las artes también le deben a sus aportes a la narratología. Escribo “literatura” y no “estudios literarios” porque es muy sabido, entre lectores no académicos, que sus planteamientos y conceptos sirven para reencontrarse con obras literarias ya conocidas, a través de una lectura más especializada que permita apreciar los engranajes del tiempo, el espacio, los personajes y la narración.

Hace pocas semanas, durante la clase de cuento latinoamericano que imparto, los estudiantes de creación literaria repasaban los elementos del montaje narrativo, de la mano de Luz Aurora Pimentel, quien estudia la narratología y la intertextualidad después de cruzar el umbral de la lectura genettiana. Muchos escritores, especialmente los narradores principiantes, son tan cercanos a estas teorías como a los cuentos y las novelas consideradas básicas por el canon occidental, pues en la mayoría de los análisis de Genette se observa la construcción de lo que pareciera un acto de lo más simple: relatar.

Entre los aportes más importantes que hizo se encuentran las diferentes relaciones transtextuales: architextualidad, metatextualidad, hipertextualidad, paratextualidad, por mencionar algunos de los más citados en todo estudio del fenómeno narrativo, cuyos ejes son las implicaciones estructurales del texto, tanto con la construcción interna como la exterior, volviendo más visible las relaciones entre obras literarias y el proceso editorial. Este último aspecto, conocido como paratextualidad, Genette lo ampliaría en el libro “Umbrales”, después del cual no es posible olvidar que la lectura de una obra puede tener varios sentidos según la dedicatoria, el nombre del autor y el prólogo que sea presentado.

Al final sólo habría que recordar que se fue el último gran crítico, pero no con ello los deseos de narrarnos.