José Salazar/Milenio Novedades
MÉRIDA, Yuc.- A pesar de que los infartos al miocardio son la primera causa de muerte en Yucatán, sólo tres de cada 10 personas acuden a rehabilitación luego de padecer un evento de este tipo.

Zazil Piña González, especialista en Rehabilitación Cardiopulmonar del Centro de Terapia Integral y Rehabilitación (Centir) Salud Milenio, ubicado en la Colonia México, dijo que la rehabilitación cardíaca reduce el riesgo de volver a sufrir un infarto y también está indicada para personas con riesgos asociados como sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial y diabetes.

En el Estado, de acuerdo con la Sociedad Yucateca de Cardiología, se registran aproximadamente mil infartos cada año.

Mencionó que la rehabilitación cardíaca es el conjunto de actividades realizadas por un equipo multidisciplinario de médicos que incluyen un cardiólogo, un fisioterapeuta, un profesional de actividad física y un nutriólogo, para que los pacientes con cardiopatías puedan integrarse a sus actividades sociales y laborales de la mejor manera posible.

Proceso de recuperación

Explicó que esta terapia se divide en tres fases: la primera es hospitalaria, la cual inicia en el área de terapia intensiva, posterior a un infarto. Dependiendo de la evolución del paciente y la intervención quirúrgica que haya padecido, dura entre seis y catorce días.

En la segunda, que se lleva a cabo en un centro de rehabilitación inmediatamente después del alta hospitalaria, se le realiza una prueba de esfuerzo al paciente para determinar la clase de actividad física que debe realizar, se ajustan los factores de riesgo, se mide su nivel de colesterol, se controlan sus niveles de glucosa y presión arterial y es valorado por un nutriólogo y un endocrinólogo para conocer el estado del paciente a rehabilitar.

En esta etapa interviene el médico y el rehabilitador físico. Se realiza en un periodo de seis a ocho semanas, en las cuales el paciente hace calistenia, ergometría (bicicleta ergonómica o caminata) y otras actividades físicas. Gracias a ello, la persona es capaz de realizar sus actividades cotidianas y seis de cada diez, regresan a trabajar de manera habitual.

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La tercera y última fase llamada de mantenimiento, que dura cuatro a seis meses se busca afianzar la modificación de los factores de riesgo dándole continuidad a los ejercicios físicos y recomendaciones para la prescripción y los controles de las etapas anteriores.

“Se ha comprobado que la mortalidad por enfermedad cardiaca disminuye entre un 20 y un 30 por ciento si se lleva a cabo esta clase de rehabilitación. El porcentaje aumenta si el programa se cumple en su totalidad, no sólo en el aspecto del ejercicio físico. También es posible llevar la rehabilitación cardíaca de manera preventiva en personas que presentan factores de riesgo para sufrir un infarto”, concluyó.