Pocas veces un libro logrará hacer que tu interior vibre con cada palabra y línea hasta lograr que algo en ti se trastoque porque después de esas páginas ya no volverás a ver la vida igual, tu mirada al cerrarlo no será la misma que la llena de expectativas que lo abrió para iniciarlo. Eso es a lo que todo lector aspira con cada libro que lee, es algo como místico o una forma de implosión.

A veces solo coinciden tus circunstancias como lector y encontrarte con el libro indicado; así llegué a “Fecha de caducidad” (2015, Alfaguara) y me despertó curiosidad principalmente por su singularidad de ser una novela escrita por tres autores en forma de cartas, chats por WhatsApp y correos electrónicos entre los tres protagonistas: Natalia, Ágata y Mateo; es un reflejo de la forma tan cotidiana como nos comunicamos hoy en día, pero de la cual surge una narrativa interesante, auténtica y desgarradora.

Estos tres amigos con sus historias y visiones del mundo tan distantes comparten algo tan común como es el amor y todo lo que implica para ellos este concepto tan ambiguo, complejo y tan humano, pero también comparten una profunda preocupación por la situación del país; aquí es donde la realidad se cuela con la ficción y se entreteje en sus diálogos la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la efervescencia de un país que enojado y confundido ha tocado fondo y trascendido a través del dolor y la desesperanza a los ojos de todo el mundo. Así, entre la cotidianeidad de los protagonistas y la preocupación por este país que se desmorona a pedazos, sus vidas y sus relaciones cobran sentido a través de la ruptura de la única aparente certeza en esta vida: que todo tiene inevitablemente una fecha de caducidad.

Quizá haya libros, como éste, que nos despiertan algo que dormía en nuestro interior, o nos da un chasquido para salir del letargo en el que nos dejamos caer sin percatarnos. Beatriz Rivas, dedicada a las letras, Eileen Truax, periodista, y Armando Vega-Gil, músico y escritor, miembro de “Botellita de Jerez”, unieron aquí sus talentos para escribir un libro que vale mucho la pena leer.

Quizá no sea ya suficiente con leer novelas de un solo autor, quizá nuestras vidas e historias que a diario escribimos en el WhatsApp, los correos electrónicos y las redes sociales puedan contar algo que a otros les provoque una sacudida en la conciencia, en el alma o en el corazón. ¿Será que los libros tienen fecha de caducidad?