Oficialmente, ayer dio inicio la campaña que durará 90 días con miras a la que quizá sea una de las elecciones mas importantes en México.

Aspirantes a ocupar la Presidencia, un escaño en el Congreso de la Unión en alguna de sus dos cámaras o en los congresos estatales, la titularidad del Poder Ejecutivo en algunos estados y las regidurías en los ayuntamientos saldrán en busca de hacer un contacto directo con los ciudadanos para persuadirlos de que, al momento de ejercer su derecho al voto, crucen la boleta en el sitio indicado, y eso les permita alcanzar la posición que ambicionan.

Como resultado de este contacto y después de valorar, en un ejercicio sano, el abanico de opciones, algunas personas concluyen: fulano de tal me convence, “habla bien”.

Es indudable entonces que una de las herramientas de las que se valdrán mayoritariamente los candidatos es el ejercicio de la retórica, definida como el conjunto de reglas o principios que se refieren al arte de hablar o escribir de forma elegante y con corrección, con el fin de deleitar, conmover o persuadir.

Son muchos quienes atribuyen a Gorgias de Leontinos la paternidad del arte oratorio muy practicado entre los sofistas, que literalmente significa “los sabios”, junto con Protágoras de Abdera, ambos destacados exponentes que enseñaban el arte de la oratoria y la elocuencia a los jóvenes de la clase dirigente que pretendían dedicarse a la carrera política. Sostenían que nos movemos en el mundo de la mera opinión, siendo la verdad, para cada uno de nosotros aquello que nos persuade como tal.

Poco más tarde, Aristóteles escribió su tratado Ars Rhetorica, que trata sobre el arte de la persuación, en el cual destaca la importancia de sus tres pilares: Ethos, Logos y Pathos.

El Ethos se refiere a la autoridad, honestidad y credibilidad del orador ante la audiencia. Su congruencia demostrada en actos anteriores es vital para inspirar confianza: “A los hombres buenos les creemos de modo más pleno y con menos vacilación”, decía Aristóteles. Logos se refiere a los argumentos lógicos apoyados en evidencias sólidas, se apela a la razón y la inteligencia de la audiencia.

El tercer pilar, Pathos, es el conjunto de argumentos puramente afectivo y emocional. Arsitóteles señalaba que las emociones hacen que los hombres cambien de opinión en relación con sus juicios, ya que tienen causas y efectos específicos, y por tanto un orador puede emplear su razón como estímulo para generar la emoción deseada en la audiencia. Expertos modernos opinan que, aunque los tres pilares son inseparables, la mayor importancia (70%), la tiene el Pathos, y creo que es cierto, necesitamos líderes que nos inspiren, una sociedad inspirada, guiada por un líder congruente, es capaz de los más grandes avances.