Pues ya casi estamos finalizando el mes de junio de 2018 y hasta ahora no hemos registrado la formación de ningún ciclón tropical en la cuenca del Atlántico, Golfo de México y Mar Caribe. Este año, según todos los indicios, junio se irá en blanco en lo que toca a la presencia de esos fenómenos meteorológicos.

Esta situación de tranquilidad se deberá a dos factores principales: el primero es el enfriamiento anormal del Océano Atlántico Tropical y el segundo la presencia de un nuevo fenómeno: la llegada a la zona del polvo del Sahara. Los tonos naranja que visten el cielo del Mar Caribe durante el ardiente verano de este año son producto de finas capas de polvo que provienen del mencionado desierto que se ubica en el continente africano.

Las altas temperaturas, la falta de humedad y el cielo cubierto de bruma ajena a la temporada son el indicativo de la presencia de partículas finas de polvo arrastradas desde el Desierto del Sahara hasta el Mar Caribe y que llegan incluso hasta la Península de Yucatán y el Golfo de México.

A los componentes de estas partículas finas se les conoce como iberulitos, los cuales se forman en la troposfera a partir del polvo emitido por las regiones desérticas del Sahara, desde donde llegan hasta regiones tan alejadas como el Amazonas, el norte del Himalaya e incluso hasta el norte de Europa.

Los iberulitos son agregados minerales esféricos de no más de un milímetro de diámetro.

El Desierto de Sahara es incubadora de tormentas de arena que elevan a la atmósfera grandes cantidades de polvo a alturas de 5 a 7 kilómetros en un área de 800 km2. Los vientos alisios las transportan al Mar Caribe, donde forman una masa de aire caliente con una humedad baja, del 3%.

Las fechas en que ocurre este fenómeno van de mayo a agosto, pero con mayor incidencia entre junio y julio y la primera parte de agosto. Su presencia provoca la disminución del tamaño de las gotas de lluvia e inhibe la formación de nubes de gran desarrollo vertical, provocando un clima de sequía.

Por supuesto, las micropartículas de arena sahariana inhiben también la formación de huracanes.