La ñ es una de las letras que más me gustan del abecedario del español, que tiene 27, de las cuales es la 15. De las dos grandes lenguas que usan el alfabeto latino, el inglés y el español, sólo éste tiene ñ, de modo que puede decirse que es letra insignia de identidad; se trata de una letra de abolengo, trabajada con asiduidad y oficio por los copistas del medievo que tuvieron que ingeniárselas para resumir en una sola grafía el sonido nasal palatal que otros idiomas representan con dos.

Habíamos quedado en que en este Plato de lengua se tendría que servir la jugosa historia de esta letra, así que aquí está y que la disfruten: el sonido que da origen a la ñ no es exclusivo del español, pero otras lenguas lo expresan con un dígrafo (una consonante doble: en latín, nn: annus que se pronuncia añus; en portugués nh: para usar un apodo de moda en estos días: Zaginho, que se pronuncia Zaguiño; en italiano, gn: bisogno, bisoño; en francés, gn: mignon, miñon; en catalán, ny, Catalunya, Cataluña.

En aras de la simplificación de su trabajo, aquellos amanuenses que se pasaban las noches a la luz de las velas copiando libros decidieron que en vez de estar escribiendo dígrafos pondrían sobre la n una raya ondulada que se llama virgulilla. De modo que así surgió esta letra.

Es un grafema singular –aunque no exclusivo del español, ya que lo usan otras lenguas, como el gallego y el vascuence-. Es un gran invento que resolvió el problema de representar gráficamente con una sola letra ese sonido peculiar nasal palatal que a los yucatecos nos da tanto trabajo.

García Márquez dijo al respecto: La ñ no es una antigualla arqueológica sino todo lo contrario: un salto cultural de una lengua romance que dejó atrás a las otras al expresar con una sola letra un sonido que en otros lugares sigue expresándose con dos. Una victoria cultural más de la ñ es estar ya en todos los teclados de las computadoras en español, pero dio trabajo.