En las dos últimas décadas se ha dado un descenso significativo de parteras mayas yucatecas; de 776 que existían en 2003 hoy día subsisten 317, y  tienden a concentrase en municipios del sur y oriente.

En distintos momentos del periodo colonial, las parteras o x-aalansajo’ob fueron desprestigiadas por los españoles, quienes, unidos al poder del clero, las acosaron de incluir ritos y magia en sus prácticas. En los años treinta del siglo XX, fueron hostilizadas por la sociedad médica yucateca al tildarlas de charlatanas e ignorantes. A pesar de ello, las parteras siguieron siendo muy demandadas hasta la década de los ochenta para el control del embarazo, la atención del parto, del puerperio y del recién nacido, principalmente en el medio rural.

El advenimiento y expansión de la medicina institucional en las zonas rurales, en los años setenta del siglo pasado, fue socavando la hegemonía de las comadronas, generando un proceso de sustitución y subordinación a la medicina oficial. Los programas de adiestramiento a parteras por el sector salud, con un marcado enfoque biomédico, se convirtieron en un mecanismo de regulación y control, limitando el tipo de embarazos y nacimientos que ellas pueden atender. Este enfoque hace caso omiso de los saberes y cuidados que las parteras sugieren, despojando su práctica de los aspectos sociales, culturales y espirituales que complementan su atención.

Algunas parteras lamentan esta situación, otras se han tenido que adaptar a las disposiciones oficiales y colaborar con los programas nacionales de salud como el de control de la natalidad; aunque con frecuencia defienden y reafirman sus saberes frente a los médicos científicos argumentando que ellas conocen varias practicas desconocidas por ellos, como sobar a la embarazada, “amarrar” a la recién parida, dar baños puerperales y cauterizar el ombligo, entre otras.

En síntesis, los saberes de las parteras no han sido bien aprovechados como un puente entre la población usuaria y los servicios médicos en beneficio de un embarazo, parto y puerperio saludables. Es necesario desarrollar un modelo de acompañamiento en el que se establezcan diálogos interculturales entre mujeres, parteras y personal de salud en torno a las prácticas del ciclo reproductivo; de lo contrario, esta práctica desaparecerá en un futuro cercano.