Para poder llegar a las zonas más aisladas, en 1835 la agencia Works Projects Adminstration del estado de Kentucky puso en marcha un programa para llevar libros a los lugares más apartados y de difícil acceso a través de un grupo de mujeres que transportaban una pequeña biblioteca a caballo; posteriormente, en 1899, ya se contó con un camión que funcionaba como biblioteca móvil y que recorría el país norteamericano llevando libros y lecturas a quienes carecían de la posibilidad de acceder a ellos.

Y aunque los años han pasado, aún hay zonas o rincones a donde los libros llegan sólo gracias a iniciativas de mediadores de lectura o promotores culturales que los transportan hasta en burro, como el caso del “Biblioburro” en Colombia; en camello, elefante y cualquier medio de transporte, los libros viajan para llegar a las manos de quienes, en ocasiones, más los aprecian.

Este es el caso ejemplar del proyecto “Los libros andan en biciteca” del cuentacuentos Roberto Mendoza que implementa ésta y otras iniciativas en El Mante, Tamaulipas. Con el lema “prestamos mundos en forma de libros”, la biciteca, como parte del PECDA, cuenta con 60 libros que recorren escuelas, parques y lugares públicos donde las familias pueden disfrutar de la lectura. No está de más decir que Roberto, a quien tengo el gusto de conocer siendo ambos parte del Programa Nacional de Salas de Lectura, es un incansable promotor de la lectura, como cuentacuentos recorre también escuelas para contagiar a los niños su entusiasmo y su alegría por los libros, y con los jóvenes ha creado su particular “Chidoteca” que cuenta con cómics, manga y, por supuesto, libros juveniles. Les recomiendo ampliamente visitar su página de Facebook que es @BicitecaMant. De Tamaulipas a Yucatán hay un camino virtual que nos une porque Roberto es una persona auténtica y original y su trabajo es en verdad de lo más loable y ejemplar para la promoción de la lectura; viéndolo pienso que en Yucatán nos hace falta alguien con una iniciativa, imaginación y entusiasmo como las suyas para implementar las bicitecas que recorran nuestras colonias, parques y comisarías para que los libros salgan a las calles y, sobre ruedas, puedan emprender el camino de búsqueda de sus lectores.

Sin duda tenemos que reconocer, como dice Daniel Fernández, que “el índice de lectura de un país debería ser uno de los índices fundamentales de progreso humano” y ahora que vivimos momentos electorales esperemos que a los aspirantes a gobernarnos no se les olvide la importancia del tema del fomento a la lectura y el apoyo que iniciativas como las de Roberto y muchos otros necesitan para seguir contribuyendo a lograr un verdadero país de lectores.