Las vacaciones siempre son el momento perfecto para leer, no sólo porque es cuando disponemos del tiempo que normalmente se nos esfuma con nuestra rutina, sino también porque leer es el mejor antídoto contra el estrés. 

Tengo el mejor recuerdo de la primavera de 2002 por los libros que leí frente al mar en esos días de Semana Santa, y estoy casi segura que no sólo el momento y la situación, también el lugar donde leemos ciertos libros marcan una diferencia sustancial a si los hubiéramos leído en otro momento o en otro sitio, pues el amor paciente y estoico de Fermina Daza y Florentino Arista que relata García Márquez en “El amor en los tiempos del cólera” sigue siendo aún mi historia favorita, con olor a brisa cada vez que leo nuevamente cuando los dos amantes viajan por el río al final de la historia y emerge del recuerdo de Florentino que “el amor se hace más grande y noble en la calamidad”.

Completamente opuesta e irreverente, pero igualmente lectura en esas vacaciones, fue “Dos horas de sol”, de José Agustín, novela que, muy al estilo de “la literatura de la onda”, relata el periplo por Acapulco de dos cincuentones, un editor y su socio, quienes descubrirán entre los vientos huracanados que los atrapan que su etapa de desenfreno y libertinaje en estas paradisiacas playas es cosa del pasado, la realidad los afronta como el sol frente a la cara, la juventud y el paraíso son sólo dos puntos lejanos en el horizonte de sus vidas.

Después de esas vacaciones, al año siguiente, mi vida había cambiado, pero los libros habitaban esa nueva vida que prometía ser lo que finalmente no fue; sin embargo, en las lecturas encontré siempre la posibilidad de hallar, no respuestas, sino oportunidades de escape. Con el paso de los años vamos volviéndonos más selectos con nuestras lecturas, por gustos, por el tiempo del que disponemos o simplemente porque ya hemos marcado un camino lector. Por supuesto, estas vacaciones ya tengo los libros que esperan algunos meses para ser leídos, y otros que recién he adquirido para esta ocasión. Al fin y al cabo, seguramente los recuerdos de un viaje también se pueden construir a base de nuestras lecturas, por eso algunos dicen que los libros nos eligen, no nosotros a ellos; pero viajemos o no en estas vacaciones, lo cierto es que, como la escritora Emily Dickinson dijo, “para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”.