Hoy vamos a hablar de los equinoccios y los solsticios y su relación con el clima. Vamos a empezar definiendo qué es cada uno de estos fenómenos astronómicos:

El Equinoccio es el momento en que ocurre la igualdad del día y la noche, o sea que en ese día en particular las horas de luz serán iguales a las horas de oscuridad, o sea 12 horas cada una. Ocurre en el mes de marzo, previo a la entrada de la estación de la Primavera, y en el mes de septiembre, antes de la entrada de la estación de Otoño.

El Solsticio –viene de sol stare: detenerse el sol literalmente- y es cuando se presenta el día más largo, lo cual ocurre en el mes de junio, previo a la entrada de la estación de Verano, y la noche más larga, que sucede en el mes de diciembre, antes de la entrada de la estación de Invierno.

A estos cuatro fenómenos se les conoce también como el Equinoccio de Primavera y el de Otoño, y el Solsticio de Verano y el de Invierno, de acuerdo con la época del año en que se presentan.

En ellos, según ocurran en determinada estación, se dan situaciones en donde las condiciones del tiempo sufren variaciones: en el Equinoccio de Primavera, una vez que ha sucedido, comenzarán a aumentar las horas de luz y por lo tanto empezarán a dominar las temperaturas más cálidas y comienza la primavera.

En el Equinoccio de Otoño es al revés, o sea las horas de luz comienzan a disminuir y las horas de noche aumentan paulatinamente, dando como resultado con ello que las condiciones del tiempo empiecen a ser más frías que cálidas y con ello se inicia entonces la estación de Otoño.

En cambio, en el Solsticio de Verano se alcanza la mayor cantidad de luz posible en un día y con ello comienza la estación de Verano, que se caracteriza por el calor imperante.

Al llegar el Solsticio de Invierno se alcanza la mayor cantidad de horas sin luz o noche, dando lugar al inicio de la estación de Invierno que se caracteriza por ser la época durante la cual imperan las temperaturas frías.