Avanza el mes de junio y ya tuvimos la afectación de dos áreas de mal tiempo o zonas de inestabilidad atmosférica con posible desarrollo tropical, aunque con baja posibilidad de alcanzar otras categorías.

Una de esas zonas de inestabilidad, contra todo pronóstico posible, se formó muy cerca de la costa de Quintana Roo, en el norte y centro específicamente, enfrente de las costas de la llamada Riviera Maya y atravesó a la Península de Yucatán por su parte norte y noreste.

Sin haber llegado a ser un ciclón tropical, las lluvias que trajo este fenómeno provocaron un verdadero caos en casi todo el estado de Quintana Roo, por no decir en la totalidad de esa entidad, la parte noreste, este, sureste y sur del de Yucatán y algunas zonas del vecino Campeche, en particular la capital campechana.

De hecho, en la región que incluye el poblado de Felipe Carrillo Puerto, con los 225.5 milímetros de altura de lámina de agua acumulada, según datos proporcionados por la Conagua, se impuso un récord de precipitación pluvial en esa zona.

Cuando los eventos del clima son de gran magnitud, causan daños a la infraestructura y ponen en peligro la vida de los habitantes de las zonas que afectan se les conoce como fenómeno meteorológico extremo y no necesariamente tienen que alcanzar la denominación de ciclón tropical para que se le pueda catalogar como potencialmente destructivos.

Lo que se abatió este fin de semana sobre la Península de Yucatán fue en verdad algo desusado, ya que, aunque sí volumen se esperaban lluvias, pero no del acumulado en que se presentaron.

La única zona que se salvó fue la de la ciudad de Mérida y la parte noroeste del estado de Yucatán, pues, aunque sí llovió, pero no lo hizo en la magnitud que alcanzaron los aguaceros en el resto de la Península.

No hay que olvidar que el mes de junio se caracteriza, igual que el de septiembre, por ser de los más lluviosos de la temporada y aún vamos por la mitad.