Algunas personas parecen practicar lo que yo llamo “mirar en negro”, parecen especializadas en encontrar el error, lo condenable, lo inútil o de plano lo francamente impropio, tanto en las personas que lo rodean como en las situaciones u objetos que pasan a ser escrutados por su vista.

Presentes en todos los ámbitos de la vida, en general a través de una muy amplia geografía de circunstancias en las que se desenvuelvan; pareciera que la negatividad en la mirada no encuentra límites ante los ojos escrutadores de aquellos que quisieran encontrar el significado de su vida en desacreditar tanto las propuestas como los pensamientos y vidas de quienes son distintos a ellos.

Triste realidad esta que se proyecta a través de las vivencias de nuestros días, en donde nos podemos ir dando de topes ante la mirada obtusa y condenatoria de quien así ha decidido observar el mundo, reduciendo la riqueza de la diversidad humana a una serie concatenada de descalificaciones.

El efecto de una mirada de este tipo es francamente catastrófico. Tristísimo resultado ha de esperarse de quien con esta actitud vive reforzando en quienes lo rodean lo que encuentra de fallido y de erróneo, los acaba orillando inconscientemente al error, ante la programación reiterada con la cual asegura que sus ideas, decisiones y propuestas son siempre fallidas.

Olvidan una regla básica: no es posible construir una casa sobre la arena, sino que es necesario edificarla sobre la roca firme; es absolutamente imposible construir algo positivo partiendo de los defectos y carencias de la persona. Es a través de la detección de las fortalezas y potencializándolas como se puede impulsar el desarrollo humano. No es posible superar los desafíos que se enfrentan basados en defectos, sino por el contrario potencializando las virtudes.

El empecinado en encontrar el error irremediablemente será lo que encuentre, quien se decida por encontrar en el otro toda la riqueza que como ser humano tiene para ofrecer será precisamente lo que halle. Cada uno de nosotros tiene ante sí la libertad de decidir qué es lo que desea mirar.