“No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”, dijo Benjamín Franklin y vaya que es realidad que no debemos dejar para luego lo que hay que hacer ahora. Es cierto que me he repetido centenares de veces esta frase y con torpeza, pues no le he dado la relevancia que merece como también parece que le ocurre a la inmensa mayoría de los mexicanos que somos famosos al postergar aquellas cosas que debemos o tenemos que hacer y todo gracias a la flojera o a una ignorancia voluntaria frente a cierta situación.

Somos excelentes en emplear palabras como “ahorita” o “en un minuto” y en dejar cosas a lo último, como le pasó a tantos yucatecos con su renovación de placas, lo cual generó exceso de filas, o como cuando dejé pasar, junto con mi familia, una rara enfermedad que tenía nuestra perrita que tanto apreciamos, sin hacer lo que teníamos que hacer, pero que nos negábamos a creer internamente: operarla pese a sus casi 17 años; ejemplo que puedo extrapolar a cada vez que el clásico paciente mexicano se enferma y no acude al médico hasta que realmente ya está muy mal, ejemplo que vivo a diario durante la consulta con pacientes que se automedican con fármacos que vieron en la televisión.

Nuestra mascota está mejorando, pero no todos obtenemos situaciones positivas tras postergar algo. Es por ello que, tras esta situación y de haber observado miles de ejemplos más elevados de tono, es que deseo recordar que la magia de las grandes potencias mundiales también se encuentra en la disciplina y que la gente que más se supera y que obtiene sus metas más rápido es aquella que logra vencer a la madre de todos los vicios: la flojera.