MÉRIDA, Yuc.- Uñas frágiles, quebradizas, con una disminución de hasta el 30 por ciento en su crecimiento, así como desgaste del esmalte de los dientes e infecciones bucales son algunas de las consecuencias de la onicofagia.

Este síntoma patológico, que se presenta cuando la persona se muerde las uñas de los dedos como una conducta repetitiva durante la infancia, provoca el movimiento de las piezas dentales, lo que interfiere en su correcta alineación para una mordida sana y complica la limpieza bucal.

Esta situación es común en Yucatán, donde se considera que una de cuatro personas que la presentan en la infancia mantiene la patología hasta la edad adulta.

La coordinadora de la Clínica de Trastorno Obsesivo Compulsivo y Trastornos del Espectro del Instituto Nacional de Psiquiatría, Cristina Lóyzaga Mendoza, indicó en entrevista que esta patología afecta las actividades de las personas, que puede ser el trabajo, escuela o con la pareja, entre otras.

Mencionó que entre los cuatro y seis años de edad se experimentan los primeros episodios compulsivos de onicofagia y existe un segundo “pico” que se da alrededor de los 10 años y luego en la pre adolescencia.

La especialista mencionó que morderse las uñas no necesariamente constituye una patología, pero puede ser un mal hábito.