Tuve la oportunidad de oír una maravillosa conferencia impartida por el Dr. Ángel Prado, psiquiatra especialista en adicciones que vino de la Ciudad de México a explicarnos qué se está haciendo a nivel federal en cuanto a adicciones.

Nuestro país tuvo la oportunidad histórica de atacar el problema cuando éste estaba comenzando, pero el diagnóstico que se hizo en ese momento fue que México era solo un país de paso, que solo éramos el puente para que las drogas llegaran a donde eran consumidas y esta miopía, que nos impidió ver el problema, ha permitido que éste crezca hasta hoy, que somos un país con un gran numero de adictos y con un tremendo problema de narcotráfico.

Las compañías que se dedican a vender drogas legales, como el alcohol y el tabaco, tienen grandes presupuestos destinados a publicitar sus productos, lo mismo sucede con las drogas ilegales, grandes cantidades de dinero son distribuidas para lograr su promoción es imposible que el gobierno federal con su limitado presupuesto pueda combatirlas.

De hecho, cuando una persona ya es adicta el costo de su recuperación es enorme, por eso el trabajo mayor lo debemos de hacer en la prevención para evitar que más jóvenes caigan en este problema. El grupo de mayor riesgo está en la juventud, no solo por la inexperiencia sino porque no son capaces de medir los riesgos a los que se enfrentan. En la encuesta estatal sobre adicciones quedó demostrado que la edad en la que la mayoría de los adictos a cualquier sustancia, inclusive el tabaco, la probaron por primera vez fue entre los 15 y los 30 años.

El mundo que les toca vivir a los jóvenes en la actualidad está lleno de riesgos, hay drogas cada vez más poderosas y más adictivas y cada vez se consiguen de una manera más fácil, por eso la solución tiene que estar en educarlos con valores.

Es de los valores de donde nuestros jóvenes sacarán la fuerza para decir que no al momento de decidir. Lo malo de los valores es que no se pueden enseñar como teoría, la información no es suficiente, tenemos que enseñarlos con el ejemplo, día a día y en cada uno de nuestros actos les damos una lección a nuestros hijos sobre como vivir la vida. Si nosotros necesitamos el alcohol para divertirnos o para darnos valor, así lo usarán nuestros hijos.

La fuerza para luchar contra las adicciones sale de nosotros mismos y debemos de hacerla crecer en nuestros hijos. En física se utiliza el término resiliencia para definir una propiedad de ciertos metales de soportar la presión sin quebrarse, así es como debemos educar a nuestros hijos con resiliencia, con autoestima, con valor, con información. Deben de estar conscientes de los riesgos que corren al probar diferentes sustancias.

En Mérida estamos en un momento clave, el problema existe y está creciendo pero es un buen momento para combatirlo. Por eso nuestros diputados deben legislar al respecto, se deben hacer más leyes que prohíban la venta alcohol cerca de las escuelas, que limiten el consumo en los antros, que regulen la expedición de licencias para su venta y que establezcan castigos para los que no las respeten.

Pero la verdadera responsabilidad está en manos de los padres que con su ejemplo y exigencia pueden evitar que la juventud caiga en un vicio que es tan dificil de dejar y que puede arruinar tu vida y la de tus seres queridos. Hay que apoyar a programas como DARE que dan información a nuestros jóvenes en las escuelas y los ayudan a alejarse de las adicciones y de la violencia. Un gramo de prevención da más resultados que kilos de rehabilitación.