Una amiga despertó muy contenta el otro día y decidió pasar la mañana en Progreso, tenía ganas de ver el mar y nadar un rato. Nadie de su familia quiso ir, así que decidió ir sola un momento y darse un rápido baño de mar.

Llegó a Progreso, se estacionó y paró a comprar un coco para disfrutar en la playa. El coco estuvo delicioso y el baño de mar también, pero cuando decidió irse se dio cuenta de que no tenía las llaves de su coche. Buscó por todos lados y no las encontró. Llamó a su marido que fue con el duplicado de la llave en su moto. Al llegar se dio cuenta de que el control del duplicado no tenía batería y el coche no arrancaba, como fue en moto no podía llevarla a su casa y regresar más tarde, así que llamó a sus hijos, quienes fueron en el coche por ella.

Cuando estaba subiendo al coche fue a pedirle al señor que cuida los vehículos que por favor le pusiera atención al suyo, ya que tendría que dejarlo ahí hasta que pudiera volver por él.
Cuando llegó con él recordó que en la mañana, al llegar feliz a Progreso, le había dicho muy sonriente “vengo dispuesta a pasar una hermosa mañana en la playa”, y él le había deseado suerte, así que le dijo: “ Ya ve, no tuve tanta suerte, perdí mis llaves y tengo que dejar aquí mi coche” , el hombre se volteó a verla y con una gran sonrisa le dijo lo siguiente: “a mi modo de ver, sí tuvo suerte, mire, despertó muy contenta y decidió venir a pasar la mañana en la playa, usted tuvo una hermosa camioneta a la que subirse para hacer su recorrido, luego llegó y se compró un coco delicioso que pudo disfrutar en la playa después de darse un rico baño de mar, la mañana ha estado soleada y el mar tranquilo. Cuando tuvo un contratiempo tuvo un teléfono para llamar y en seguida vivieron su marido y sus hijos a ayudarla. Créame, a mi modo de ver, usted tuvo mucha suerte”.

En ocasiones estamos tan ocupados mirando nuestros contratiempos, nuestros pequeños tropiezos que perdemos de vista el panorama total. Olvidamos cuántas cosas que nos parecen cotidianas y que suceden día a día son realmente un milagro que debemos agradecer. Y dejamos que las pequeñas cosas que no salen como lo planeamos opaquen todo lo demás y nos dejen la impresión de no haber tenido suerte o no haber tenido un día afortunado.

Me decía mi amiga que todo lo que le pasó valió la pena para ese regalo de sabiduría que le permitió terminar su día agradeciendo la hermosa familia que tiene y que estuvo ahí para ayudarla.

En ocasiones la lección es más dolorosa y te hace pasar, por ejemplo, por una fuerte enfermedad que te permite luego estar agradecidos de poder estar juntos, de disfrutar del cariño de la familia, de constatar que las personas que admirabas antes de una dura prueba son todavía más fuertes y más valerosas de lo que pensabas, que el amor al final es lo importante y poder estar juntos compensa cualquier prueba por la que hayas pasado.