Siempre en estas fechas una fiebre por hacer listas de “lo mejor del año” invade las redacciones de periódicos y revistas por igual. De tal forma que no hay un sólo medio que no se ocupe de enlistar lo más granado en cuanto a música, películas o libros, con el fin de promover las novedades sin que parezca un descarado acto de mercadotecnia. A continuación, me propongo hacer lo mismo con algunos de los libros que leí durante 2017, con la salvedad de que, en mi lista, usted no encontrará nada de actualidad, sino simplemente algunas de las lecturas que más me cautivaron a lo largo de estos 12 meses…

“El duelo”, de Giacomo Casanova, me hizo las delicias al ubicarme a fines del Siglo XVIII, cuando el ilustre italiano nos relata uno de los episodios más famosos de su agitada vida: la querella que sostuvo contra el Príncipe Braniski, favorito del rey de Polonia, tras ser insultado por éste en los camerinos de un teatro y todo por disputarse los favores de una bailarina. El pensamiento y el sentido del humor casanovense son joyas autobiográficas de la literatura, aunque tristemente la leyenda del gran amante haya opacado la del escritor, espía, inventor y feminista, aunque usted no lo crea.

Y hablando de literatura de no ficción, “Miedo y asco en las Vegas”, de Hunter Thompson, me arrancó sonoras carcajadas, pues la crónica delirante de sus andanzas en la ciudad del pecado es capaz de desternillar de risa hasta al lector más adusto. Su prosa es fluida y experimental al mismo tiempo, con expresiones onomatopéyicas y auténticos aforismos sólo aptos para psicodélicos que deseen dar un salto hacia la locura del periodista Gonzo, que firmó este amplio reportaje que se lee lo mismo como una novela.

Dejando de lado la irreverencia literaria, “Sumisión” de Michel Houellebecq, es una ficción política ambientada en Francia en el año 2022, que nos cuenta el ascenso al poder de los islamistas y cómo el orden social se trastoca ante la adopción de las costumbres musulmanas. Sin cortapisas, el narrador pone el dedo en la llaga, pues sus predicciones van que vuelan para cumplirse en un futuro cercano. La novela, a pesar del tono desesperanzador, no está exenta de pinceladas de ironía y referentes literarios al por mayor que hacen más digerible la estética del desencanto que empapa toda su obra.