Cuando se decidió unificar las fechas de las elecciones estatales con las federales, habíamos advertido sobre la posibilidad de que la campaña presidencial pudiera jalar a la de gobernador. La pregunta sobre si ello resulta beneficioso o perjudicial depende de la coyuntura de cada elección y del partido de que se trate.

De entrada se pensó que un gobierno local en sintonía con el central es algo por sí mismo deseable, pero ello ¿es realmente cierto? ¿En todos los casos? En un contexto de partido único, o casi hegemónico, puede resultar adecuado. No obstante, más allá de la teoría de los contrapesos, hay procesos regionales que se desarrollan de diferente manera que los nacionales: la seguridad pública y el desarrollo económico, por ejemplo.

Como sea, es algo que se responde a posteriori, ya que no hay manera de garantizar antes que la votación de cada uno de los estados se corresponda estrictamente con la nacional, aunque los medios (centrales) de comunicación tiendan a estandarizar la óptica “nacional”.

Y así vemos que, en Yucatán, les resulta un tanto dificultoso a los partidos interesados aplicar la estrategia, que parece tener penetración nacional, de promover el voto de castigo en un contexto como el de hoy, al contar con un gobierno bien calificado.

Es por eso que, a diferencia de lo que sucede en el centro, no resulta electoralmente rentable apostarle al desprestigio del gobierno, razón por la que la campaña opositora prefiere enfocar sus baterías en contra  del candidato, echando mano de todo el arsenal a su alcance, sobre todo en los medios electrónicos que, como los medios formales afines, no piden el mínimo rigor periodístico.

Y aunque algo de cierto tiene el dicho de “difama que algo queda”, es indudable que no toda guerra sucia o de fake news tiene los resultados que sus promotores buscan y que hay métodos para revertirlas de manera eficaz.

Como sucedió recientemente con el candidato del PAN, Mauricio Villa, que, sin comprender las reglas para que las noticias falsas puedan ser eficaces, encabezó personalmente una “revelación”, difundida con profusión en las redes sociales, con el soporte de un medio afín, donde presume que el candidato del PRI es el propietario de un rancho que, a fin de cuentas, resultó patrimonio, desde hace más de 20 años, de los hermanos Francisco y Oswaldo Loret de Mola Coldwell, lo cual tan oportuna como asépticamente demostró su jefe de campaña, Roberto Rodríguez Asaf.

Al quedar exhibido como mentiroso, lo más probable es que Mauricio Vila pueda perder puntos adicionales a los 11 que lo mantienen por debajo de Mauricio Sahuí. Alguien debió explicarle los costos de ser pillado con los dedos en la puerta.