En las últimas semanas, un grupo de habitantes del centro histórico se ha estado quejando del exceso de ruido en su zona, varios jóvenes se han mofado diciendo que eso no va a cambiar, que el centro es de todos así como la diversión que se produce de noche en los tantos antros y bares que ya hay.

Siendo también un joven, me permito platicarle algunas propuestas que quizá puedan apoyar tanto a los habitantes, a los otros jóvenes, a su propuesta de planeación y a todos los que vivimos en esta ciudad. Pero antes de leer mi propuesta, le agradecería que visite algunos de estos establecimientos, respire profundo, sentirá un aroma que, según dicen en mi pueblo, aparenta ser “mata de plátano quemada”, pero en realidad es marihuana. Espere ahí y mire a su alrededor, verá la cantidad de vehículos estacionados en zonas oscuras y a algunas personas esperando a que nadie se de cuenta para dar el “cristalazo”. No entre a los establecimientos, espere también ahí y verá cuántos elementos policiacos se hacen de la vista gorda y cuántos más aceptan una mordidita para que los chavos se vayan manejando en estado de ebriedad.

¿Qué le parecería tener una zona de antros y bares en el centro histórico, similar a las que existen en ciudades de vanguardia, lejos de las casas-habitación? Ahí podría cerrar las calles en horarios específicos para la seguridad de los jóvenes y turistas transeúntes, podría poner cámaras de seguridad, incluso un perímetro de alcoholímetros para proteger a los demás ciudadanos. El ruido se acumularía en una zona, los bares también y la seguridad se podría reforzar al no tener que dividirse por tantas cuadras.

Estoy seguro que con medidas mágicas como ésta muchos, los que obran bien claramente, estarán felices.