Entre los agradables recuerdos que compartimos con Julio Salazar Uh, excelente amigo de antaño, repasamos pasajes y anécdotas de sus hermanos y de su señor padre, don Patricio Salazar.

Coincidimos en Chichén Itzá una tarea no muy grata, pero con la plática y las remembranzas la noche pasó de manera presurosa. Sentados al pie de un árbol frente al Castillo, mirábamos cómo la luna reafirmaba con su luz el ángulo noreste del edificio en tanto que el ángulo sureste se remarcaba con las sombras y los reflejos de Selene. Imponente el inmenso edificio que aún guarda muchos secretos.

Julio Salazar comentaba que si hubiera comenzado junto con sus hermanos que ya se han jubilado del INAH él también ya se hubiera retirado. Pero nos comparte que varios años de su vida los dedicó a conducir tráileres, y señala que después de hacer ese trabajo, el de custodio que hoy realiza le parece fácil. Está muy agradecido con el INAH por todo lo que le ha dado la institución.

Nos refiere que con regularidad visita los sitios arqueológicos en donde creció y menciona que, un día que visitó la zona arqueológica de Kabah, le sorprendió ver que ya no existían las bancas de concreto con ladrillos rojos en la superficie que estaba localizada a un costado de la caseta en donde se expenden los boletos de acceso a la zona arqueológica. Le extrañó mucho y le preguntó al encargado del sitio qué había sucedido con la banca que le servía de cama a su papá. El custodio le contestó que la destruyeron porque durante ciertos días y noches se oía roncar a don Patricio en la caseta de boletos. A partir de que retiraron la banca se dejaron de escuchar los ronquidos de don Patricio en Kabah.

Durante esa misma visita, Julio recorrió el lugar en donde se encontraba la cocina de su mamá, doña Candelaria Uh Mena; allí recogió un fragmento de un molino de mano con el que molían el nixtamal todos los días. También recogió restos de la cafetera, la herramienta indispensable de doña Candita, sobre todo para tener el agua caliente siempre para tomar el café. Julio regresó a Pisté, en donde actualmente vive con sus recuerdos, grandes trofeos de mucho valor que forman parte de la historia familiar.

En la foto de encima de estas líneas, aparece en cuclillas don Patricio Salazar y en la extrema derecha su esposa doña Candelaria Uh. Ellos son padres y abuelos de custodios del INAH.