Ana Hernández/ Milenio Novedades
MÉRIDA, Yucatán.- A dos años de la entrada en vigor de las modificaciones a la Ley de Ciencia y Tecnología que permite obtener hasta 70% de las regalías de los inventos registrados, falta encontrar el “equilibrio” que permita a las instituciones de educación e investigación, aprovechar el potencial que generan, advirtió el delegado regional del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) en Yucatán, Jesús Vega Herrera.

Afirmó que existen avances en la materia, lentos pero continuos, que no deben detenerse porque la competencia global expone las ventas, pero también las desventajas de productos o servicios que no están protegidos. Dijo que no sólo expone la innovación, sino incluso los datos confidenciales de las empresas.

Consideró que hay un ligero crecimiento en la diferencia de marca, es decir, lo que son signos distintivos o logotipos. En 2015 fueron registrados mil 651; en 2016, mil 828, y en 2017, mil 844.

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A dos años de las modificaciones a la Ley de Ciencia y Tecnología que permite obtener hasta el 70% de las regalías de los inventos registrados, las instituciones de educación e investigación no aprovechan el potencial que generan.

En los últimos tres años suman cinco mil 343 nuevas marcas, pero la entidad es superada por Quintana Roo, que pasó de mil 474 a mil 851 como líder en el Sureste.

En inventos, la investigación se genera por usuarios que son de empresas o privados, más que de las universidades o centros de innovación; las compañías y los emprendedores son ahora el mecanismo principal de innovación en los estados.

En Yucatán, 42.6% de las solicitudes de invención presentados este año provienen de empresas y personas físicas, el resto de instituciones de educación superior y empresas consolidadas.

En entrevista, Vega Herrera señaló que el tema de la propiedad industrial va más allá de atender y defender los derechos de los creadores, sean instituciones de educación, investigación, personas físicas o morales; sino de comprender las implicación de protección de su patrimonio, incluso de asegurar su información confidencial, ya que por un simple procedimiento incorrecto pueden quedar completamente expuestos y significar la quiebra de los negocios.

Comentó que la batalla legal entre la transnacional ‘Sabritas’ y la yucateca ‘Picorey’, es una muestra de lo que ocurre por la defensa de una marca; la primera entabló una demanda contra la otra por el tema de los “torciditos”, pero la segunda demostró que aunque no había registrado ese nombre, desde hace más de 100 años lo manejaba.

Hoy Sabritas tiene el registro de la marca de torciditos, mientras que Picorey obtuvo el derecho de no poder ser demandado y sigue el proceso para tener el derecho de seguir manejando esa palabra en sus productos, que no es algo nuevo, esto se habría evitado con el registro de la marca.

Vega Herrera destacó que hay un área de oportunidad por aprovechar en este tema, porque Yucatán tiene al menos cuatro centros de asesoría de la propiedad industrial, tres de los cuales son instituciones educativas, y aunque al menos dos no registran invenciones propias, sí impulsan a los externos que acuden con ellas, como ocurre con las universidades Anáhuac Mayab y Tecnológica Metropolitana (UTM).

Yucatán tiene varios espacios que fomentan el registro, entre ellos el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY), la Unimayab, la UTM y el Centro Regional de Optimización y Desarrollo de Equipo (Crode) Mérida, que es del Tecnológico Nacional de México, el cual atiende a todos los tecnológicos del sureste.

“Con esto uno esperaría que dentro de estas instituciones se tuviera un desarrollo consolidado de estas instituciones, pero no es así, la Anáhuac no tiene una sola en su historia de invenciones de ella, pero es la que más solicitudes de patente, modelo, y diseño industrial presenta, lo que quiere decir que las personas saben de ese centro de asesoría; la Universidad Tecnológica Metropolitana igual, no ha presentado una invención, el 100 por ciento de sus propuestas vienen de fuera”.