En cada nuevo año, los maestros tiemblan cuando se enteran de que el grupo con el que trabajarán durante el curso escolar tiene a varios de los alumnos con algún tipo de trastorno de conducta o condición denominada TDAH. Es alarmante el constante incremento de niños y jóvenes que no pueden controlar su conducta dentro del aula y la escuela, alterando la sana convivencia entre sus compañeros ante la impotente mirada de los maestros que se sienten atados de manos para actuar en estos casos de rebelión ante la disciplina del aula y que en algunos casos llega a la agresión física y verbal.

Según los expertos en la materia, se estima que uno o dos de cada diez alumnos presentan trastornos en su conducta, notándose un incremento del 43 por ciento de estos casos, lo que rebasa en mucho la capacidad del personal del servicio de la Usaer en las escuelas, o sea de quienes acuden en auxilio de los docentes para apoyar el proceso de integración educativa de alumnas y alumnos que presentan necesidades educativas especiales a partir de una gestión y organización flexible, de un trabajo conjunto y de orientación a los maestros, la familia y la comunidad educativa en general.

Entre los factores más recurrentes que detonan los trastornos están: niños sobreestimulados con tecnología y objetos materiales, falta de límites de conducta en el hogar, necesidades afectivas por parte de sus padres, niños sin algún rol ni responsabilidades en el hogar, padres indulgentes y permisivos que dejan al niño hacer lo que quiera con tal de no dedicarle atención. Es triste ver en los descansos de la jornada escolar cómo los alumnos se arremolinan en algún sitio apartado para poder usar sus teléfonos celulares y tabletas digitales.

Todavía estamos a tiempo para actuar y corregir muchas cosas sin necesidad de llevar a los niños al psiquiatra a que les recete los medicamentos que los mantengan drogados y pasivos que, al final, actúan sobre el sistema nervioso obstaculizando el aprendizaje. En este caso, el padre debe ser firme y tener el control de la conducta y educación de sus hijos; no sólo es dinero a pedir de boca, denle más atención y cariño, participen con él en actividades al aire libre como caminatas, ciclismo, pesca, deportes aeróbicos, disfruten en familia de comidas y charlas sin aparatos electrónicos y, sobre todo, involucren a su hijo en alguna tarea del hogar. Muy pronto verán los cambios esperados.