Hubo un tiempo en que me congratulé al abrirse la posibilidad de que en las elecciones participen ciudadanos sin partido, surgidos del seno de la sociedad y sin el lastre de una militancia en formaciones hoy de las más desprestigiadas, desafortunadamente, ya que lo que ocurre con ellas no es motivo de alegrar a nadie. Los partidos, lo mismo que la democracia, son un mal inevitable en una sociedad humana imperfecta y necesitada de medios para preservar el orden (cosa que no cumplen ni una ni otros, pero, como dijo alguien: constituyen el menos malo de los sistemas políticos).

Hoy, sin embargo, hay azoro a la vista de lo que está ocurriendo en México, donde los llamados “independientes” parecen más bien zorros en caza de presas ingenuas y, apenas dejan de pertenecer a un partido, se disfrazan para ofrecer alternativas que, mientras estuvieron enrolados en formaciones políticas, ni por asomo cumplieron.

Asistimos a un verdadero mercado de aspirantes a candidatos presidenciales en cuyos anaqueles se pueden encontrar desde patéticas y ridículas caricaturas hasta figuras con alguna posibilidad de reunir un millón de electores en su apoyo ante el INE. Quizá por ello no competirá quien ha mantenido una misma línea de conducta desde hace años, el ex canciller Jorge Castañeda que es el verdadero impulsor de la figura del candidato independiente y la ha sostenido contra viento y marea y luchado por ella hasta en tribunales internacionales. Don Jorge –para mala fortuna de los mexicanos que pudieran votarlo- quizá se percató de que han surgido decenas de aspirantes a estar en la boleta sin que figuren bajo las siglas de un partido y habrá decidido no participar en ese choteo a mansalva.

Hubo un tiempo en que pensé que el INE no actuaba democráticamente al poner tantos candados a las figuras independientes. Hoy tengo mis dudas, porque si, no obstante las draconianas condicionantes, hubo 86 aspirantes a presidente sin partido, imagínese usted lo que hubiera pasado si deja que todos se vayan por la libre: habría más candidatos que electores.

Sin embargo, no creo que podamos librarnos de algunos impresentables: el Bronco gobernador de Nuevo León, el patético Pedro Ferriz de Con, el figurín Armando Ríos Piter y Margarita Zavala. Todos ellos con el lastre de un oportunismo que pesa sobre sus “independencias”. Qué bueno que el INE les puso la cota alta. Y no es que me caigan demasiado bien los partidos, pero al menos podemos esperar un poco más de congruencia y orden.