No resulta extraño que los que le restaban importancia al debate sean los que se digan decepcionados, critiquen su formato, los ataques arteros entre los candidatos, su falta de propuestas, superficialidad, o cualquier otra cosa, no obstante que haya resultado mucho mejor que todos los anteriores y sobre todo más divertido.

Su impacto, empero, va más allá de las declaratorias de triunfo de cada contendiente, de manera que resulta el ciudadano el principal ganador al poder contrastar frente a frente el desempeño de cada uno de ellos, alejados de su zona de confort que constituyen su burbuja y los mítines de sus partidarios.

Los candidatos tuvieron la oportunidad de averiguar si existe realmente consenso sobre la pertinencia de sus propuestas y sobre la eficacia de la estrategia diseñada por sus asesores, para realizar los ajustes que crean pertinentes.

Se ha filtrado en la prensa especializada que el más preocupado con respecto a su desempeño fue Andrés Manuel López Obrador, que se sintió tan incómodo en el debate que salió huyendo de la sede sin tener siquiera la cortesía de despedirse de nadie. Quizá comprendió que ser el puntero no da licencia para la improvisación y falta de preparación para el evento, pues no basta, como le aconsejaron, con nadar de muertito y quedarse callado ante las acusaciones que se le hicieron de nepotismo y corrupción. Se le vio inseguro, arrinconado e incapaz de hilar un discurso más allá de los lugares comunes que utiliza en sus spots. No se ha preocupado por actualizar su propuesta que es idéntica a la que presentó hace por lo menos 12 años.

Ricardo Anaya, por el contrario, demostró que tiene habilidades histriónicas muy desarrolladas, que su preparación en este sentido resulta bastante aceptable, así como que tiene buen colmillo para no caer en provocaciones, aunque fue el único que no dispuso de todo su tiempo. Pero se vio en dificultades para salirse del guión, así como lo inadecuado de su estrategia de ganar el segundo lugar que, si bien le dio resultado a Felipe Calderón, tanto por circunstancias diferentes como por sus errores en campaña, resulta a estas alturas inviable. Cuantimás que no ha sido capaz de deslindarse de la sospecha de su participación en el lavado de dinero.

José Antonio Meade fue el candidato que, sin duda, acreditó tener las mejores y más actualizadas propuestas; su dificultad radica, según ciertos especialistas, en ser demasiado racional y, paradójicamente, por ser el menos político de los candidatos, en abstenerse de ofrecer soluciones simples o no viables.

Margarita Zavala me pareció convencida y bien intencionada; el Bronco, un desastre.
El tiempo se agota, faltan 2 debates.